La escritora ibicenca Helena Tur posa en Palma junto a su nueva novela, 'La playa del carbón' (Plaza & Janés). | Pere Bota

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Un año después de publicar En el corzón de Jane, la ibicenca afincada en Palma Helena Tur regresa de nuevo al universo de su admirada Jane Austen en una novela que, sin embargo, se ambienta en la Asturias de 1853, en los orígenes de la minería de carbón. Así, de hecho, se titula, La playa del carbón (Plaza & Janés). La presentará este miércoles día 20 a las 19.00 horas en Quars Llibres (Palma) junto a la escritora Gemma Marchena, redactora de este diario.

En la entrevista con motivo de En el corazón de Jane aseguró que se sentía «más cómoda» ambientando una novela en Inglaterra que en España. ¿Por qué ha cambiado de opinión?
Tal vez por los lectores, de querer hacerlo más serio. Tenemos muy idealizada la historia de Inglaterra por los movimientos sociales y por la novela de agencia victoriana. En este sentido, hay más autoras de referencia allí que no en España, aunque tengamos a Emilia Pardo Bazán y a otras. Quería reivindicar todo eso en España, que tiene unos parajes interesantísimos y también la revolución industrial, que ha tardado más en llegar pero ha cambiado el paisaje y lo social.

¿Ahora está cómoda en España?
Comodísima. Tenía miedo a decepcionar, pero ya hay gente de la zona que me ha felicitado por lo rigurosa que es la novela. Soy más atrevida con lo que no conozco, me costaría muchísimo escribir algo sobre Ibiza porque sería más tiquismiquis. Soy más consciente de cómo han cambiado las cosas y no sabría exactamente cómo eran. A no ser que fuera algo rural, porque da más juego a la libertad. Ahora ya me quedo en España. Los tres próximos libros suceden en España, a no ser que me llegue otro encargo como lo fue En el corazón de Jane.

En esta obra hacía un homenaje muy explícito a la autora de Orgullo y prejuicio, pero en La playa del carbón también hay reminiscencias de la autora inglesa y también de Elizabeth Gaskell...
Exactamente. Así como Norte y Sur de Gaskel tenía la estructura de Orgullo y prejuicio y, a su vez, esta seguía la de Evelina de Frances Burney, yo me he adscrito a esto. Sin embargo, si hablamos del libro que hay detrás de La playa de carbón diría que ese es La situación de la clase obrera en Inglaterra, de Friedrich Engels.

¿Cómo surgió esa necesidad de cambio de paisaje?
Para empezar porque me encanta el norte: Galicia, Asturias, el País Vasco y sus bosques... Para mí es lo exótico. Aquí tampoco tenemos minas y me apetecía mucho reivindicar ese mundo, irme a los inicios. Esa mina se descubrió en el XVI, pero en 1833 la Compañía Asturiana de Minas la abrió y, veinte años después, se fundó, en unión con La Societée pour la production de zing, la Asturiana de Zinc. El carbón de Arnao sirvió para alimentar esta fundación y en torno a la mina se creó un poblado de viviendas para los trabajadores.

Se ha convertido en toda una experta en minas...
La verdad es que te enteras de cosas muy curiosas. En la novela se produce un derrumbe, pero había puesto que las muertes no eran por el derrumbe, sino por las condiciones que tenían que sufrir. Me contaron que los trabajadores no podían salir ni a hacer sus necesidades, por lo que tenían que hacerlas allí mismo. Así que la mina se convertía en una fosa séptica, se desmayaban e incluso morían allí. Y fue así hasta que llegó esta gente y puso baldes, que luego limpiaban. Puede que algún lector encuentre que sobran estos detalles escatológicos en una novela romántica, pero es que era así.

El contexto es una sociedad en transformación y lucha de clases… ¿Son cosas que ya están obsoletas o cree que dentro de cien años los escritores ambientarán sus novelas en 2024 y hablarán de esto mismo?
Ojalá, porque la diferencia de clases sigue existiendo de una forma muy dura y, sin embargo, la pseudoizquierda actual ha cambiado la lucha de clases por la de sexos, naciones y otras tonterías que no tienen ningún sentido. Sin embargo, yo me siento más unida a un funcionario de Albacete, simplemente por el hecho de ser funcionario y tener el mismo estatus y vivir en la misma época que con una mujer del siglo XVI. Es decir, mis condiciones están más cercanas en cuestión de clase que de sexo o nación. Y digo sexo, no género, porque no creo en el género, aunque sea delito decirlo. Por otra parte, la clase media está desapareciendo, en todos los sentidos y, además, las clases políticas son más mediocres que nunca.

¿Qué quiere decir?
A lo mejor antes había un Stalin y ahora hay un Putin, o un Churchill y un Boris Johnson. Nunca había habido tanta mediocridad, en todos los países y partidos.

Le fascina el siglo XIX, una época en la que justamente la mujer estaba privada de muchas libertades...
Es que es cuando el feminismo tiene más sentido. Ahora mismo tiene sentido en muchos lugares, en España puede que no tanto, aunque aquí se produce una discriminación positivo que tampoco ayuda a la igualdad. Me fascina porque es cuando empezaron las ideologías y los movimientos. Por ejemplo, buscaba un falansterio, que es una comuna agrícola que proviene del socialismo utópico que se regían como una cooperativa.

¿La ambientación histórica ha ido ganando peso en sus obras?
La verdad es que sí. Malasangre era como un thriller rural y aquí es cuando la modernidad llega a las ciudades. La que sucede en Canarias es de espionaje internacional previo a la Primera Guerra Mundial. Son épocas convulsas que dan mucho juego, pero también en las de paz, porque la gente necesita rencillas... Parece que en el rural noir no pasa nada, pero luego descubres que hay un psicópata allí metido...

¿Qué pesa más en esta novela, la trama histórica o la romántica?
La estructura es de novela romántica, pero mi idea era que la mina fuera un personaje más, sobre todo por el papel social que desempeñó. Al fin y al cabo, significó la llegada de la modernidad a esta zona.

¿Qué puede avanzar de sus próximos libros, además de que se ambientan en España?
Tengo escritas dos novelas: una sucede en Las Palmas, en 1906, y la otra, en un pueblecito del País Vasco en 1897. Finalmente, estoy inmersa en otra cuya historia transcurre en el catastrófico año 1898. Por otra parte, la adaptación de Malasangre ha cambiado de productora, por lo que el proceso se ha retrasado.