Joan Bibiloni, médico recién jubilado, publica su primera novela 'Li diré Llibertat', que llega este jueves a las librerías. | Teresa Ayuga

TW
1

A finales de noviembre, Joan Bibiloni (Algaida, 1956) se jubiló, algo que provocó que Sóller se quedara prácticamente sin médicos de familia con consulta privada. Ahora, Bibiloni, que ha ejercido la medicina durante 43 años –los últimos 38 en Sóller–, se estrena como escritor con su primera novela, Li diré Llibertat (La Campana).

Sin embargo, puntualiza que es la primera obra que publica, pero no que escribe. «Tengo otras dos, pero son en castellano y, como no soy castellanoparlante nativo, me da vergüenza publicarlas. Empecé Li diré Llibertat hace diez años y hace dos que la terminé, después de perfeccionarla durante un tiempo», cuenta Bibiloni sobre esta novela, finalista del Premi Pin i Soler 2022, donde llamó la atención de una editora.

Bibiloni, escritor autodidacta, reconoce que ha aprendido a escribir haciéndolo y «a base de experiencia». «Revisé y pasé el texto por muchos correctores. Tenía claro que el catalán tenía que ser el de aquí. Mi ilusión era revivir la esencia mallorquina, de todo lo que se está perdiendo. Lamentablemente, el 90 % de palmesanos hablan en castellano y, en los pueblos, con suerte un 40. Es tremenda la velocidad en la que se pierde todo y me da mucha pena, así que me apetecía que al menos los jóvenes pudieran ver cómo era aquello», recalca. Con esta intención ha añadido también doce rondalles breves que él mismo ha creado a partir de historias reales. De hecho, señala que Li diré Llibertat es como «una gran rondalla».

Por otra parte, el hecho de haber ejercido como médico durante media vida le ha dado también ventaja a la hora de construir los personajes. «Llevo 43 años escuchando a pacientes, que te cuentan sus penas y cosas muy íntimas que ni siquiera estarían dispuestos a contar a un cura. Nos tienen confianza total. Gracias a este trabajo he aprendido a conocer el alma humana y, en consecuencia, me ha ayudado a definir a los personajes, a entrar en su intimidad».

Sobre la trama, Bibiloni detalla que se imaginó la historia de dos jóvenes que se enamoraban en el siglo pasado. Concretamente, la historia se divide en tres partes. La primera, la más breve, se corresponde con el nacimiento del protagonista, Tomeu, en 1893 en el seno de una familia de payeses mallorquines. La segunda, la más extensa, se remonta a cuando cumple 18 años y, a raíz de un duro enfrentamiento con su padre, se ve obligado a embarcarse hacia Cuba en un barco de vapor con su yegua Llibertat y un joven jornalero hijo de forasteros. En esta parte, a pesar de solo cubrir los 42 días de trayecto, «suceden muchas cosas, hay escenas de sexo bastante explícito, pero también asesinatos».

En este sentido, el autor avisa que «como en los tiempos de Franco, hay algunos capítulos que podrían tener dos rombos. No es una novela apta para personas con prejuicios». Finalmente, la historia culmina con un «emotivo regreso» de Tomeu a Mallorca.

Con todo, Bibiloni también se muestra crítico con el contexto y el carácter mallorquín, en el que estaba mal visto que un hombre mostrara afecto en público. Algo que el propio autor ha sufrido. «En mis tiempos estaba mal visto que un hombre llevara cochecito de bebé, ahora, por suerte, eso ha cambiado. O si una mujer entraba en un bar sola era porque buscaba hombres», compara. El turismo, apunta, ayudó a «abrir mentes» en los años 60.

«Al escribirla tenía claro que mi mensaje era que la gente se pudiera amar con libertad, cosa que le faltó a nuestra generación. Por eso, cuando al protagonista le regalan una yegua decide llamarla Llibertat», afirma. «Creo que algunos se llevarán un chasco porque no se esperan que haya sexo tan explícito, aunque el sexo es algo natural que se ha demonizado. Si Dios nos lo dio, no será tan malo; si fuera un pecado mortal, nos habría creado sin sexo», declara.
Continuación

Bibiloni avanza que ya tiene terminada y revisada a conciencia la segunda parte. «Cuando acabé Li diré Llibertat tenía ganas de más, de saber cómo continuaba, así que decidí escribir otra», admite. Su publicación dependerá del éxito de esta primera entrega, aunque todo apunta a que tendrá mucho éxito a juzgar por el fenómeno que ya ha causado en Sóller, donde antiguas pacientes y vecinas ya preguntan por presentaciones y firmas.

«El Ajuntament quiere organizar una presentación en la Sala Magna, pero soy muy tímido, tengo miedo escénico. Además, estoy muy emocionado, puede que me ponga a llorar», reconoce ilusionado.