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Olga Martínez recaló hace unos días en Palma para la presentación del libro de Patricia Almarcegui, Las vidas que no viví. Martínez llegó a la Isla sola, con la sonora ausencia de Paco Robles, su pareja y compañero en la editorial Candaya. Martínez tiene un fuerte vínculo con Mallorca: «Llegué aquí con 19 años, en 1979, y estudié Filología Hispánica en la UIB». Es la primera vez que regresa sin Robles, el añorado editor que falleció a finales de enero. Y sin embargo, su repentina muerte no ha parado los planes de la Ruta Candaya, ahora en solitario, para acompañar a sus autores de gira por toda España.

Candaya ha sido en todos estos años uno de los grandes empujes de la literatura latinoamericana en España, pero que también descubrió al mallorquín Agustín Fernández Mallo con su Nocilla Dream. Un libro que inauguró la Generación Nocilla.

«Mallorca es un lugar importante para nosotros. Desde que murió Paco, el 30 de enero, decidimos mantener todo lo que teníamos programado. Habíamos planificado la Ruta Candaya y decidimos mantenerla. Y en cada parada hacíamos un pequeño homenaje a Paco», dice la editora. En toda esta gira de acompañamiento a sus autores por librerías de todo el país, hace dos semanas fue el turno de Mallorca en la librería La Salina. En la entrevista lleva una bolsa de tela de la propia editorial con un mensaje clarificador: «Si la memoria no nos salva, que se salve la memoria», extraído de un libro de Eduardo Ruiz Sosa.

En la Isla se celebró el undécimo homenaje al añorado Paco Robles, «aquí están mis pedacitos de paraíso. El 23-F lo viví aquí. Con Paco Robles ha sido una vida en común de 37 años». Profesores de literatura, ejercieron en institutos de secundaria de Cataluña, impulsaron un proyecto solidario indígena en Guatemala de 1994 a 2002. Y allí surgió el germen: en 2003, Candaya veía la luz en un taller de motos. «Han sido 19 años de crear comunidades», advierte Martínez.

Candaya es la encargada de Granta, que selecciona a los mejores jóvenes escritores hispanoamericanos menores de 40 años. Una etiqueta que luego acompaña al currículum del escritor agraciado. Entre ellos, el mallorquín Alejandro Morellón, que con el libro de cuentos El estado natural de las cosas, rescatado por Candaya, ganó el IV premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez.

«Candaya es muy peculiar. Es capaz de aglutinar el capital de acentos que construyes a lo largo de una vida», dice Martínez. Precisamente fue ese arranque, el de dar voz a los escritores latinoamericanos, el que prendió la mecha de la editorial, aunque ahora también se fija en los escritores de la periferia española. «A veces es mejor no pensar en el mercado, hay una literatura de riesgo que tiene lectores», afirma la editora. Este «semillero de nuevas voces latinoamericanas y españolas» se muestra muy orgulloso de «algunas de nuestras primeras novelas».

Compromiso

«No solo nos fijamos en los autores latinoamericanos, también entendemos la dificultad de autores españoles que recogían lo que nos gustaba de la literatura: el compromiso y el riesgo. También hay aquí autores originales que nos gustaban y tenían muy difícil publicar», dice. Martínez y Robles han apostado todos estos años por «escritores de aliento largo. Hay autores que no van a publicar una novela cada dos años, son independientes».

El mexicano Eduardo Ruiz Sosa, Miguel Serrano Larraz, Álex Chico, Juan José Becerra, Diego Sánchez Aguilar, Mónica Ojeda, que «ha abierto muchísimos cerrojos. De manera muy modesta, he de decir que desde Candaya se ha ido contribuyendo a formar el tejido cultural del país y de un momento determinado. Es un espacio de diálogo, de literatura comprometida y arriesgada, que se hace en España y en Latinoamérica», explica Martínez.

Sus apuestas son arriesgadas, como la de Luis Rodríguez Rodríguez, «un director de banco que escribió 8:38, lo más rupturista, y que con su libro Mira que eres ha ganado el premio de narrativa Tigre Juan».Olga Martínez continúa pateándose el continente americano pero también España para encontrar nuevas voces. «Vivir es un oficio muy difícil», dice Martínez, que sigue viajando, que sigue viviendo. Pese a todo.