De s’Arracó al Sáhara para su primer largometraje, ‘Piedras del desierto’

| Palma |

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Max Olivier, fotografiado en el Passeig Mallorca.

Max Olivier, fotografiado en el Passeig Mallorca.

Guillermo Esteban
MAX OLIVIERPóster de 'Piedras del desierto'

Inspirado en la historia de la joven iraquí Du’a Khalil, lapidada en 2007 por enamorarse de un adolescente de una religión distinta, Piedras del desierto es el debut cinematográfico de los hermanos Max Olivier y Bruno Jubin, dos directores de s’Arracó, de 23 y 21 años, respectivamente.

La cinta se presentó oficialmente en el festival Snow dance (Múnich) y ha sido seleccionada en otros certámenes internacionales como el St. Tropez & Nice International Film Festival o el RXSM de Texas y su estreno comercial en España está previsto para finales de verano.

Rodada en el Sáhara durante dos meses, «Piedras del desierto relata las aventuras de tres jóvenes que viajan a un país musulmán para comprar drogas y a raíz de eso surge una historia de amor, se les descubre y a la chica la condenan a ser lapidada».

Ahí está el palpitar de la película escrita, dirigida y protagonizada por Max Olivier y Bruno Jubin. «Transcurre alrededor de ese eje, de si conseguirán salvar a la joven, encarnada por Helena de Miguel, o si se largarán por temor a arriesgar sus vidas», desvela Olivier sobre este largometraje con tintes de thriller, aventuras y drama.


«Nosotros somos de la opinión de que en el cine todos los aspectos son importantes. Tanto la música, como la fotografía, la interpretación, el guión. Y para cumplir un requisito muy básico, que era la imagen, el espectáculo visual, no había nada mejor que el Sáhara», sostiene Olivier justificando la localización de la producción, cuya idea germinó hace cerca de cuatro años cuando los hermanos dieron con el caso de Du’a Khalil. «Nos conmocionó y ahí es donde nació el impulso de odio, que a veces es casi mejor motor que el amor. Habíamos hecho varios cortos y teníamos hambre del largometraje», apunta antes de conectar vía Skype –videollamada– con su hermano, asentado en Berlín.

Llevan tiempo colaborando, trabajando juntos, pero la sensación de ver reflejado el resultado final en pantalla es «gratificante», reconoce Bruno Jubin. «Es algo intenso, duro, bonito...», prosigue. «Nuestra pretensión en el cine es aportar nuevos sentimientos, colores y matices; renovar un poco el clásico», interviene Olivier.

«Estamos hartos de los típicos diálogos y formatos televisivos», señala Jubin, atraído por el cine independiente, para despedir la videollamada.

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