Marina Abramovic, en un fotograma del documental que se proyectó ayer en Es Baluard. g Fotos: TERESA AYUGA

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Marina Abramovic (Yugoslavia, 1946) quiere ser reconocida como una forma real de arte antes de morir. La abuela del arte de la performance se expuso, sentada ante el público, en el MoMA de Nueva York. Era el cuerpo como arte. La mirada como arte. Seis días sentada, sin moverse. Si alguna persona podía sustituir a Marina Abramovic en su último trabajo en Madrid, Vida y muerte de Marina Abramovic, ésa era Rossy de Palma. Por su amistad. Ayer la actriz acudió al Aljub de Es Baluard para introducir el documental Marina Abramovic: The artist is present, codirigido por Matthew Akers y Jeff Dupre, que se estrena hoy en España.

Un improvisado proyector se instaló en la sala. Lo copaba una fotografía de Abramovic con una mantilla y una peineta que le regaló Rossy de Palma, que en cuanto supo que estaba invitada a la presentación decidió enviarle un email a la artista, que cohabita junto a los chamanes brasileños en la selva amazónica. Desde allí le sugirió a la intérprete palmesana que entonara una canción durante el preludio del acontecimiento. Pero esta optó por recitar un poema cantado. Dedicado a Abramovic, por supuesto. Antes de la proyección del documental, Rossy de Palma, en un vestido negro y con unas botas de tacón considerable, explicó algunas curiosidades de la vida de la artista balcánica, como que «la madre le obligaba a no dejar ni una arruga en las sábanas de la cama. Ahora ella es incapaz de ver una arruga».

Marina Abramovic: The artist is present, exhibida con la colaboración de la Fundació Turisme Palma Mallorca 365, está centrado en entrevistas con los colaboradores de la artista, además de imágenes de archivo de sus trabajos más controvertidos. Y los menos.

«¿Por qué es arte?»

Aunque, sobre todo, se basa en la que ella considera su exposición más complicada: una retrospectiva en el MoMA que supone para ella, la abuela del arte performance, un reconocimiento a su trayectoria. Supone una oportunidad para silenciar a aquellos críticos y detractores que le dejaron de preguntar hace una década: «¿Por qué es arte?».