Pep Lladó, 'Es Berro', con el chubasquero de la final de 1998 en Mestalla. | Carlos Román

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En las gradas de La Cartuja no pueden faltar Els Berros. La peña más divertida del Mallorca, archiconocida en Son Moix por su sentido del humor, sus disfraces y sus divertidas representaciones, también estará en la cuarta final de Copa que juega su equipo. Su presidente, Pep Lladó, pertenece a ese grupo de ilustres bermellones que no se han perdido ninguna. Y desde que Sergi Darder marcó en el Reale Arena el penalti decisivo, se ha volcado para que ninguno de sus compañeros de grada que quiera y pueda ir a Sevilla se quede en tierra.

Pep fue uno de los valientes que formaban la pequeña mancha roja que había en 1991 en las gradas del Bernabéu en mitad de un océano rojiblanco. «Aquello era una encerrona», repasa. «Fue una gran sorpresa que el Mallorca se metiera en una final de Copa. Fui con un compañero de trabajo en barco hasta Valencia y luego autocar. Al llegar hubo mucha fiesta por el centro con los que viajamos, pero éramos unos tres mil por sesenta o setenta mil del Atlético. Recuerdo ir hacia el estadio en metro y, de pronto, llegar a una estación, encontrarnos con una marea y escuchar los cánticos de los aficionados rojiblancos. Fue tremendo».

Si algo tranquiliza a Pep Lladó pensando en la gran cita de Sevilla es la actitud de su equipo en este tipo de partidos. «El Mallorca en todas las finales que ha estado siempre ha dado la talla. En aquella aguantó muy bien al Atlético hasta la prórroga con Miquel Àngel Nadal ejerciendo de líder. Y aunque se perdió, tampoco fue el disgusto que nos llevamos años después en Valencia porque viajábamos sabiendo que era casi imposible. Al volver, como hizo Beltrán años después, nos esperaba don Miquel Contestí en el puerto de Palma para darnos la mano a todos, uno por uno. Fue muy bonito».

Pero si hay un encuentro que ha dejado una huella en Pep Es Berro es la final de Mestalla (1998). «Es el partido más bestia que he visto y, estoy convencido, veré en mi vida. ¿Qué más podía hacer aquel equipo para ganar la Copa? Aquella final es orgullo. Fui en barco con mis padres y con el chubasquero, por supuesto. Fue una explosión de mallorquinismo», cuenta emocionado.

Pep Lladó, con algunas de las fotografías y entradas de las otras finales que ha jugado el Mallorca.

A Pep se le agolpan las imágenes y sonidos en torno al penalti que falló Stankovic para apartar al Mallorca del título. «Es el único en mi vida que no he querido mirar. Me agaché y no quise verlo, pero recuerdo el sonido del momento como si fuera ahora. Por eso el día de las semifinales, como hicieron nuestros jugadores, me tomaba a cachondeo los del Reale Arena». Además, señala a un culpable: «La culpa de que Jovan fallara la tuvo mi amigo Juanan Martorell —era el recuperador del Mallorca— que le vendó la pierna demasiado fuerte», bromea.

«El regreso de Valencia fue muy duro», cuenta después. «En el campo no lloré, pero me derrumbé como un niño al salir y ver a la gente en los balcones animándonos. El viaje de vuelta parecía un funeral», añade.

Afortunadamente, las heridas del mallorquinismo cicatrizaron un lustro después (2003) en el Martínez Valero. «Lo que más tengo grabado es la imagen de Samuel Etoo bajando del autocar», rememora Pep. «Estaba nervioso y al verlo a él con el puño en alto sabía que no fallaríamos. Lo de Elche fue una fiesta».