El delantero del Mallorca Abdón Prats celebra con compañeros Sergi Darder y Jaume Costa el gol del pasado miércoles ante el Cádiz. | CATI CLADERA

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Nueva oportunidad para tomar impulso, para resarcirse de la enésima decepción, para intentar sacar la cabeza por encima de la arena movediza que de cada jornada que pasa eleva su tamaño y ya llega a la altura del pecho. Por ahí donde las camisetas muestran la publicidad. El Real Mallorca se enfrenta al Deportivo Alavés (14:00 horas, DZAN) con la urgencia de conseguir el primer triunfo en casa y aliviar su posición. Lo peor es pensar que el empate sirve para algo, porque como decía el añorado Luis Aragonés, en según qué momentos y en algunas circunstancias una igualada es un resultado inútil. A Luis Aragonés no le gustaban los empates y el del pasado miércoles no le habría gustado. Y este domingo tampoco sirve. Solo vale ganar. Ganar. Por encima de excusas como la ausencia de Muriqi o la presencia de Figueroa Vázquez ejerciendo de árbitro.

Resultaría un tanto bochornoso seguir acudiendo a excusas si no se gana. Javier Aguirre anda inquieto porque sabe perfectamente que hasta el momento no es capaz de sacar el mejor rendimiento al equipo. Solo vale ganar. Y el sábado ante el Sevilla también. Solo así la operación triunfo será una realidad. Porque tarde o temprano Celta y Granada pueden despertar de su letargo, aunque parece difícil, y si lo hacen tal vez de aquí a final de temporada sea necesario ganar algún partido más.

Sin Muriqi ni Dani, con la duda de Maffeo, pero con Raíllo y Jaume Costa recuperados, el equipo formará seguramente con un 4-4-2 ya que con cinco atrás el rival casi siempre marca y luego toca improvisar y ya se sabe que por aquí esto de improvisar suele salir mal.

El problema de este Mallorca es que hace pocas cosas bien durante pocos minutos. El curso pasado sucedía lo contrario. Hacía bastantes cosas bien y además lograba prolongarlas durante bastante tiempo. La intermitencia en el juego es uno de los problemas este curso y la capacidad de lucha y sacrificio del equipo no se ve recompensada en el área rival. Porque, una cosa sí, este equipo no negocia el esfuerzo, lo da todo y eso se percibe. Nadie puede poner un pero al sacrificio en el campo. Sufre cuando las cosas no le salen y trata siempre de dar un paso más.

El problema es que por una razón u otra no alcanza. O se falla en el último pase o se apaga la luz en las cercanías de la zona de peligro visitante. Ante esta tesitura solo resta persistir. Ante el Cádiz el Mallorca encajó gol y a partir de ahí supo dar un paso adelante y haciendo lo mejor que sabe hacer empató. Es decir, centro al interior del área y allí está casi siempre a Abdón con la caña o la cabeza preparada. Y marcó.

La idea por simple que parezca es difícil de ejecutar, porque pese a intentarlo muchas veces solo salió bien una. El problema es que igual Maffeo no estará y eso es un problema añadido. De hecho, el gran inconveniente de este equipo es que contrariamente a lo sucedido el curso pasado, este año sí que se notan en exceso las bajas de jugadores importantes.

Pero hay que sobreponerse y dar lo mejor de cada uno. No hay que engañarse, los números del Mallorca son malos y es evidente que este equipo por una razón u otra no alcanza el nivel de seguridad defensiva y practicidad delante que alcanzó el curso pasado, pero por momentos sí ofrece buenas sensaciones. Con el partido equilibrado, con Sergi Darder a los mandos; Samú Costa templando y acelerando y los laterales abriendo campo, el Mallorca tiene una figura reconocible. De lo que se trata ante el Alavés es de prolongar lo que sabe hacer bien el equipo. Hacerlo el máximo de minutos posible.

Es cierto que las cosas a jugadores como Cyle Larin o Amath Ndiaye no les están saliendo, pero si los buenos momentos no son eternos, tampoco los malos. Hoy es un partido para salir confiados, valientes, comprometidos y convencidos. Ganar o ganar.