Ortells (izquierda) junto a Kohlberg y Díaz en Cornellà. | Carlos Gil-Roig

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El Mallorca de Pablo Ortells ya tiene un año de vida. El castellonense, reclutado por la propiedad del club bermellón en plena pandemia y con el planeta confinado, cumple estos días doce meses de trabajo sobre el puente de mando de Son Moix en los que ha ido levantando un proyecto que tiene siete jornadas por delante para confirmar su regreso a la Primera División. Un periplo frenético y con maniobras de peso, como la apuesta por Luis García Plaza o las renovaciones de algunas de las columnas de la primera plantilla, al que también le quedan asignaturas pendientes e incógnitas por despejar, como el estado de salud de la cantera o la situación de uno de sus principales activos de futuro: Luka Romero.

Aunque Ortells no desembarcó en las oficinas del Mallorca hasta principios de mayo, el club se encomendó a sus servicios el 24 de abril de 2020, cuando la Liga estaba congelada por el coronavirus y el conjunto balear, dirigido por Vicente Moreno, peleaba con todo por la permanencia. La entidad recurría entonces a un profesional con casi dos décadas de trayectoria en el Villarreal para llenar parte del agujero que se había abierto con la destitución, unos meses antes, del consejero delegado, Maheta Molango.

Ortells, que llegó a Palma acompañado de Sergio Moya, empezó a redactar su hoja de ruta con un par de renovaciones que se habían ido enquistando al final de la gestión anterior. Una vez que el balón volvió a rodar, el primero en pasar a firmar una ampliación de contrato fue Dani Rodríguez y unas semanas después lo haría Antonio Raíllo. Sin embargo, el movimiento de mayor calado tuvo que hacerlo en julio, mientras el equipo agotaba el ciclo en Primera. Pese a tener contrato en vigor, Vicente Moreno tomaba la decisión de abandonar el banquillo local de Son Moix, y abría un periodo de incertidumbre que se zanjaría finalmente a comienzos de agosto con la contratación de Luis García Plaza. La opción del entrenador madrileño, con el que Ortells había coincidido en el Villarreal, se imponía a la Andoni Iraola y descorchaba, al principio entre las dudas, un nuevo ciclo con la necesidad de pelear por volver cuanto antes a la cima del fútbol español.

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El nombramiento de LGP como capitán de la nave sigue siendo el mejor aval de Ortells en su primer año de trabajo con el Mallorca. El preparador madrileño llenó rápidamente el inmenso vacío que dejó Vicente Moreno después de tres años tirando del carro y empotró al equipo en las plantas superiores de la Liga. Desde entonces, Ortells también ha renovado a otros puntales (Reina, Salva Sevilla o Valjent) y ha manejado los hilos en dos ventanas de fichajes. La veraniega, obligado a aligerar drásticamente el peso de la plantilla y a resolver casos complejos como el de Budimir, y la de enero, en la que reforzó el andamiaje del ascenso con tres incorporaciones.

A falta de que el equipo cierre el círculo con el ascenso, a Pablo Ortells también le ha salido algún lunar en este tiempo al volante. Las renovaciones de Abdón y Antonio Sánchez no se concretan y Luka Romero, en el escaparate desde julio, continúa sin rubricar su primer contrato profesional. Además, la cantera, que por el camino también perdió a su anterior director, ha visto reducido el peso del filial o del juvenil de División de Honor, que pelea por la permanencia.

Recio manda en el Bolívar

La llegada de Ortells al Mallorca dejó en una extraña posición al anterior director deportivo, Javier Recio, que abandonaría el club el pasado verano. El madrileño vive y trabaja en La Paz, donde ejerce como director deportivo del Bolívar y se ha rodeado de viejos conocidos. Además de fichar como entrenador a Natxo González y apostar por jugadores como Guitián, Álvaro Rey o Alex Granell, también se ha rodeado de exmallorquinistas, como el exresponsable de la cantera, Sergio Vallecillo; el ex director de metodología, Miquel Gomila, o el preprador físico Jaume Moll.