Grant Holloway, en primer plano, por delante del español Orlando Ortega y del jamaicano Omar McLeod, caído en el suelo. | LUCY NICHOLSON

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El estadounidense Gran Holloway, líder mundial del año con 12.98, se proclamó campeón mundial de 110 metros vallas en una final desgraciada para el español Orlando Ortega, que fue obstruido por el campeón olímpico y mundial, el jamaicano Omar McLeod, cuando iba segundo a pocos metros de la meta.

La medalla de plata fue para el ruso Sergey Shubenkov con 13.15 y la de bronce para el campeón de Europa, el francés Pascal Martinot-Lagarde, con 13.18.

El chino Wenjun Xie (13.29) acabó rebasando al español, quinto con 13.30, que vio su calle cinco invadida por McLeod poco antes de atacar el décimo obstáculo y no pudo rematar su progresión en el último tramo, que es su especialidad.

McLeod, que derrotó a Ortega en la final olímpica de Río 2016, fue descalificado, pero el español cargó con el mayor disgusto: se queda sin una medalla segura, que habría sido la primera para él en unos Mundiales, y la primera para España en Doha. Si el incidente hubiera ocurrido en primera ronda o semifinales, Ortega habría sido clasificado, de acuerdo con el reglamento, pero en la final no hay marcha atrás.

El habanero habló directamente de «robo», de «injusticia», pero termina fuera del podio como remate a una temporada al aire libre en la que había ganado casi todo, incluida la Liga de Diamante.

No encabezaba el ránking mundial de 110 m vallas, pues tiene por delante a dos estadounidenses (Holloway, el único que ha bajado de 13 segundos, con 12.98, y Daniel Roberts, 13.00), pero Ortega llegaba a Doha en su mejor momento: tras ganar doce de sus quince carreras este año y en Lausana, con 13.05, a una sola centésima de su récord de España.

El cambio de aires le ha sentado bien al subcampeón olímpico, que desde marzo pasado, sólo unos días después de su fracaso -era el favorito, pero acabó cuarto- en los Europeos en pista cubierta de Glasgow, se entrena en Chipre con el grupo de Antonis Giannoulakis. Hasta entonces, Orlando había trabajado con su padre.