El jugador español David Ferrer celebra un punto durante su partido contra el suizo Stanislas Wawrinka. | Raquel Manzanares

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David Ferrer cumplió con su rol de baza principal del cuarteto de Albert Costa para el envite ante Suiza y sacó adelante sus dos compromisos individuales, el más reciente frente Stanislas Wawrinka, que terminó con la rendición helvética y el avance de España hacia los cuartos de final de la Copa Davis, torneo que ha hecho suyo en los dos últimos años.

España viajará a Francia del 9 al 11 de julio próximos para prolongar la defensa de su corona. Será el primer viaje del cuarteto hispano desde que marchó a Mar del Plata para ganar la final de la Davis a Argentina en la final del 2008.

En el duelo de 'gallitos' fue el alicantino el que impuso su ley. Ferrer tumbó a Wawrinka por 6-2, 6-4 y 6-0 en una pelea que se prolongó durante dos horas y treinta y tres minutos.

Suiza depositó todas sus expectativas en la figura de Stanislas Wawrinka. Sin Roger Federer, desaparecido de esta competición, todo el peso del futuro helvético pasa por la raqueta de Lausana, diecinueve del mundo. Un trecho enorme separa el talento de Wawrinka del resto de componentes del conjunto suizo. Severin Luthi tiene poco donde elegir. Rota esa baza no hay más para Suiza.

El número uno helvético afrontó el choque con exceso de esfuerzo. Con síntomas de agotamiento y los precedentes con Ferrer adversos. Wawrinka saltó a la pista intentando disimular las siete horas de gasto sobre sus espaldas. Cuatro en el primer individual, del viernes, contra Nicolás Almagro. Y tres en el dobles del sábado, que, en compañía de Yves Allegro, perdió ante Marcel Granollers y Tommy Robredo.

Guardó las formas el suizo durante casi cien minutos de partido. Ferrer liquidó el primer parcial en 39 minutos, después de romper el saque de su rival en el quinto y séptimo juego. Antes, Wawrinka había desperdiciado un puñado de posibilidades de break que le hubieran abierto el partido.

Es cierto que el tenista de Lausana guardó lo mejor de sí para el segundo set. Ahí tuvo sus auténticas opciones. Pero a la postre supuso su sentencia definitiva. Wawrinka decidió cambiar de estrategia y asumió más riesgos. Encontró la red con más frecuencia y desarboló a Ferrer por momentos.

El premio lo encontró en el cuarto juego, cuando quebró el servicio del español por primera vez en el partido. Wawrinka recobró el aliento con el 4-1 con el que se topó. Incluso dispuso de una posibilidad de rotura para agrandar su ventaja.

No contó con Ferrer. El español puede estar mejor o peor. Pero nunca rehuye la batalla. Mantuvo el tipo el español. Conservó el saque y, acto seguido, enmendó la situación con un break al saque helvético.

Para ese momento, Wawrinka ya había sido incapaz de disimular la fatiga. Llegaba tarde a los puntos y sus errores no forzados se acumulaban. Esto desquició al suizo. Primero, lanzó de malos modos, de un raquetazo, una pelota hacia el techo de La Plaza de Toros de La Ribera. Acto seguido, tras otro error, estrelló su instrumento contra el suelo. Una y otra vez hasta romperla. Esto supuso la pérdida del punto y poner a Ferrer con tres puntos de set.

El tenista suizo se marchó definitivamente del partido. Impotente, presa del cansancio, el último set fue un trámite desagradable para él. Una condena que envía a Suiza, la tierra de la mejor raqueta de la historia, a la lucha por la supervivencia en el Grupo Mundial y a España a ampliar su panorama hacia la conquista de su tercera Ensaladera seguida.