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Carlos de Torres - SALAMANCA
Angelo Furlan, del equipo Alessio, mantuvo la racha de los italianos en las llegadas masivas y se apuntó al esprint la decimoséptima etapa de la Vuelta Ciclista a España, disputada entre Benavente y Salamanca, de 145'6 kilómetros. El italiano relegó a los grandes velocistas, su ídolo Erik Zabel y Alessandro Petacchi, mientras que los favoritos salvaron el día en espera del temido alto de La Covatilla. Furlan, de 25 años, impidió el estreno de Zabel en la penúltima oportunidad de los «guepardos». Para ello siguió su rueda en la recta de llegada y apareció por sorpresa cuando parecía encerrado para romper el pronóstico y apuntarse su primera victoria del año y cuarta de su palmarés con un tiempo de 2h.58.00, a una media muy elevada: 49'079 kilómetros por hora.

La etapa pintaba favorable para los equipos Fassa y Telekom. Por esfuerzo se merecían una buena recompensa, pero en la ley del ciclismo parece imponerse la teoría de que nunca gana el esprinter del conjunto que se pega la mayor paliza. El Alessio, con solo 4 corredores en carrera, sacó la mayor rentabilidad del trabajo ajeno. Con los más rápidos del pelotón a lo suyo, los favoritos salvaron el día en espera de verse de nuevo las caras en La Covatilla. Hubieron de dar pedales y no faltaron los sustos por la acción del viento y movimientos tácticos de algunos equipos. Roberto Heras llegó a su tierra vestido de oro y entusiasmó a su afición, que ya espera otra exhibición del bejarano en la inédita montaña salmantina.

La Vuelta 2002 no quiere tomarse ningún día de asueto y una vez más los ciento treinta y cuatro supervivientes fueron volando en busca de la llegada. En la primera hora ya se habían cubierto 52 kilómetros y los hombres del Telekom y Fassa se mostraban muy interesados en aprovechar el penúltimo esprint que quedaba en la carrera. Pasada Zamora se puso en marcha la maquinaria del ONCE y del Coast para sacar petróleo del viento lateral. Ambos equipos rompieron el pelotón con los abanicos, pero los principales favoritos no cayeron en la trampa. Todo el mundo iba muy atento para evitar sustos en una jornada de transición hacia las cumbres de la Sierra de Béjar.

Con todo bien ordenado y el guión en regla, los equipos de los esprinters retomaron su proyecto, en especial los hombres de Alessandro Petacchi que trabajaron a destajo desde el banderazo de salida. El control del equipo italiano le vino de maravilla al US Postal y al líder Roberto Heras, quien salvó una etapa que pudo complicarse. Al final no faltaron los saltos de la ilusión y algunos echaron el resto. El tren blanco del Fassa no daba ya permiso para las aventuras, y menos cuando ya veían en lontananza las torres de la catedral. Por si acaso, los favoritos no andaban lejos de la cabeza. A 65 kilómetros por hora por las calles de Salamanca los lanzadores cumplieron la función que se les había encomendado y cuando parecía que Zabel se iba a ganar el ramo del vencedor, apareció Furlan, un anónimo que le amargó la jornada.