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Indiscutibles hace unos pocos meses, el paso de Fernando Torres por Son Moix ha dejado en mal lugar a Miquel Àngel Nadal y Fernando Niño. Son el centro de las dudas y también el foco de un problema de tamaño gigante que no deja de producir interrogantes, entre otras cosas, porque no hay nada más en el arsenal. Con Federico Lussenhoff y Vicente Fernández todavía convalecientes, Gregorio Manzano maneja un abanico de posibilidades tan exiguo que siempre le conduce al mismo lugar. Nadal, reclamado por el dimitido José Antonio Camacho para disputar el Mundial de Corea y Japón, exhibe un perfil difícilmente reconocible, aunque el diagnóstico es claro: saturación de minutos.

Con la cita mundialista de por medio, para Nadal la temporada pasada nunca acabó. Conectó un curso especialmente complejo con el compromiso de la selección y después, vuelta a empezar. Pese a sus condiciones físicas "el defensa manacorí es un atleta privilegiado", casi nadie puede digerir esta acumulación de partidos. A sus 36 años de edad, a Miquel Àngel Nadal se le puede discutir pocas cosas, pero su actual estado de forma ha acabado provocando una situación singular. El domingo, en la recta final del partido, se escucharon algunas muestras de reprobación hacia un futbolista que siempre había generado sentimiento de plenitud colectiva y con un enorme calado social. Hubo silbidos para Nadal y eso es sintomático.

Fernando Niño, perseguido de forma copiosa por las lesiones, tampoco se escapó a las críticas de la hinchada. El central andaluz ha perdido las frescura y seguridad de antaño. Se le nota inseguro y desconectado. También pide a gritos algo de tiempo para recargar las baterías, pero la competición y la ausencia de alternativas pueden con todo. Javier Olaizola, por ejemplo, es un futbolista que no extrañaría la posición de defensa central, pero el partido de Vigo "ocupó el lateral derecho" lo dejó muy mal parado. De ahí que Manzano lo apartara del equipo titular ante el Atlético de Madrid y recurriera a David Cortés.