Los jugadores del Atlètic Baleares festejan el triunfo de este domingo en Tarragona. | ATB

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El Atlético Baleares va en serio. Sin alardes ni florituras, pero con triunfos de prestigio y remontadas de mérito. El grupo de Xavi Calm dio un golpe encima de la mesa de la Primera RFEF para conservar el liderato -con un partido más que el filial del Villarreal- tras darle la vuelta a su destino en Tarragona. Se le puso la tarde cuesta arriba con el tempranero golazo del Nàstic, intratable en su centro de operaciones (cinco victorias y un empate).

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Lejos de arrugarse, los blanquiazules exprimieron al máximos los infantiles errores de su enemigo para sacar tajada y empaquetar el triunfo allí donde nadie lo había hecho. Fue suficiente con un autogol de Marc Trilles y una acción desafortunada del meta local -aprovechada por Canario- para chequear su tercera alegría a domicilio y alzar la voz. El colchón con respecto al quinto comienza a ser notable (le saca 7 puntos al Barcelona B) aunque el objetivo es cruzar primero la meta de la liga regular para alcanzar la Tierra Prometida y acabar con varias décadas de maldiciones, frustraciones y desgracias. Pero antes queda una travesía interminable por delante.

De momento, rebasado ya el primer tercio del curso en la Primera RFEF, el Atlético Baleares está dando la cara. Es sólido atrás y eficaz arriba. Sabe nadar y guardar la ropa y compite como el que más. Un día gana por la pegada de Dioni o Vinicius, otro por el balón parado de Olaortua y este domingo, por pillería. Hay que manejar todos los registros...