Zona turística de la playa de Magaluf. | Emilio Queirolo

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Si bien Magaluf no parece el rincón con más encanto del verano en Mallorca, lo cierto es que también posee muy al final de la playa un rincón realmente agradable y tranquilo que ofrece la posibilidad de tomar algo, tanto al borde del mar como en una de las terrazas mejor situadas por las vistas que ofrece sobre la ensenada y el islote de sa Porrassa.

Parece algo imposible, pero así es. Aquí y pasada la gran terraza del Nikki Beach, toda una apuesta por la calidad turística en una zona cuya imagen se ha visto perjudicada por la presencia de los molestos hooligans en las noches de Punta Ballena, contamos con un tramo de costa bajo una zona de pinar, que ofrece un reconfortante relax y baja ocupación humana.

Se trata de una zona rocosa que, además, posee el aliciente de concluir en una pequeña cala de piedras con el atractivo de poder disfrutar de un baño en un área casi natural. Es la otra faceta de Magaluf. Debido a su original carácter residencial ha llegado casi intacta hasta nuestros días. Centrado por el bar Chaval, representa el contrapunto a una playa megaturística y con todo el equipamiento imaginable, pero muy diferente a este atractivo rincón en un saturado litoral.