TW
1

Entre los aficionados de la cocina que conozco, algunos sorprenden por las pequeñas cantidades de dinero que son capaces de ahorrar cuando están comprando en el supermercado. Unos compran los alimentos más caros y después cogen el paquete del pan rallado más barato de la estantería. Yo, en cambio, aparentemente ahorro dinero con el pan: jamás tiro ni una rebanada a la basura. Entre mi familia y mis amigos, veo que desde hace bastante tiempo han dejado de valorar el pan, pero yo le tengo un respeto total: barra de pan que compro, barra de pan que como… de una manera u otra. Una barra de pan que sobra, por lo que veo, en muchas casas va directamente a la basura. En mi casa lo sobrante pasa por varias etapas de provecho.

El día después de comprar una barra, la corto en trozos de unos seis centímetros de largo y de cada pieza hago dos rebanadas largas y las tuesto hasta que estén de un color ligeramente dorado. Tal cual, están listas para echar unos hilos de aceite. Las rebanadas son buenísimas así: el pan caliente y crujiente, y el aceite de oliva virgen extra llenando el paladar con sus sabores muy ricos. Pero también me gusta añadir unas rodajas muy finas de tomate, todo bien salado.

Al tercer día una barra tiene un provecho que interesa a mucha gente: se puede cortar en rebanadas súper finas que pasamos a un horno poco caliente hasta que crujan y se tuesten un poco. Así tenemos un pa torrat que sirve para una sopa de pescado y otros platos. En esta etapa de la barra, también hago unos dados pequeños para freír en aceite abundante. Salen unos magníficos picatostes para crear espléndidos contrastes de textura en sopas cremosas de invierno o un gazpacho andaluz en verano. Y no tenemos que olvidar que van de maravilla en ensaladas.

Pero quizás lo máximo que podemos sacar de una barra vieja es el mejor pan rallado que jamás habríamos empleado. Dejar la barra durante una semana, cuando estará tan dura como una pieza de madera. Con un rallador de cuatro lados, uso todos los agujeros para hacer pan rallado de diferentes tamaños y texturas. Es el mejor pan rallado que conozco para croquetas, incluyendo el panko japonés, que ya es decir. Es un gran lujo y no cuesta nada.