Al pensar en plantas aromáticas, posiblemente, una de las primeras que se vienen a la mente es la lavanda.

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Al pensar en plantas aromáticas, posiblemente, una de las primeras que se vienen a la mente es la lavanda. Lavandula es un género de plantas de la familia de las lamiáceas, dentro de la que se pueden encontrar diferentes especies.

Es una plantas de carácter rústico, por lo que no necesita muchos cuidados y, a cambio, da color y olor al ambiente. De hecho, crece de forma silvestre en el campo, incluso, en zonas que se encuentran a pleno sol y en distintos tipos de suelo.

Para plantarla en casa, la mejor opción es hacerlo en el jardín, al aire libre, ya que pueden alcanzar un metro y medio de altura, aunque también se puede optar por una maceta, con el objetivo de colocarla y aromatizar alguna de las estancias del hogar.

Antes de proceder a plantar lavanda, hay que tener claro que el tipo de sustrato debe ser alcalino, con un pH elevado y, por otro lado, disponer de un buen sistema de drenaje para que no se acumule el agua. El agua en exceso es un inconveniente para este tipo de planta, ya que las raíces pueden verse dañadas, sobre todo, en invierno.

Si se opta por plantarla en maceta, la lavanda necesita una que tenga entre 30 y 40 centímetros de diámetro. Si se planta directamente en el suelo, no existe un lugar específico, pero sí que sea un sitio donde haya una buena aireación y sin que colocarla cerca de otras plantas.

Este tipo de planta necesita sol directo, al menos, durante seis horas al día. Este aspecto es fundamental también a la hora de elegir su emplazamiento, ya que las zonas donde dé la sombra constantemente no son apropiadas para su correcto crecimiento, como indican desde Verdecora.

Una vez elegido el sitio, hay que tener en cuenta el momento. Las semillas han de plantarse entre seis y doce semanas antes de que comiencen los meses de calor. Para ello, basta con llenar la maceta con el sustrato y aplicar un fertilizante durante los meses de primavera.

Las semillas hay que plantarlas esparciéndolas sobre la tierra con una distancia suficiente entre ellas y, después, cubriéndolas con el sustrato. Pueden tardar en brotar entre dos semanas y un mes, dependiendo de las condiciones.