Toni Pol Horrach recoge las hortalizas de temporada de su huerto situado a las afueras de Consell. | M.A. POL

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Toni Pol Horrach es ganadero y agricultor. Ha estado toda la vida ligado al campo y a ese sonido peculiar que tan solo puede emitir la naturaleza. Su andadura en la pagesia empezó de muy pequeño cuando ayudaba a su tío a cuidar de sus ovejas. Actualmente, Pol tiene un centenar. Además, es el sexto año consecutivo que siembra, junto a su hijo, media quarterada de los productos que protagonizan los platos del verano, para la venta directa.

Las cebollas, los pimientos y los tomates son los productos que más se consumen en estos momentos. «Aunque el producto pueda ser más caro, con el kilómetro cero se permite reducir las emisiones contaminantes y evitar el desperdicio que tienden las grandes empresas cuando su alimento no parece sacada de una revista», explica. Piensa que los mallorquines cada vez valoran más el producto de proximidad, ya que su calidad es notoria.

Además, al mismo tiempo que crecen las hortalizas en una granja que tienen en las afueras de su pueblo natal, Consell, en el mes de agosto se dedica a la recolección de almendros y algarrobas. «Este año el precio de las algarrobas no será tan elevado como el del año pasado, eso sí, este año los árboles van a ir más cargados de frutos debido a su ciclo de crecimiento».

El payés no ha estado exento de los efectos de la Xylella fastidiosa y ha tenido que volver a sembrar otras variedades de almendras más resistentes. Las variedad mallorquina que sembró su padre ha sido gravemente dañada por la plaga. Ahora las nuevas variedades, marta y marinada, son más resistentes a las infecciones.

Desde que empezó a los quince años, Toni Pol explica que el oficio en el campo ha ido cambiando. «Es muy importante formarse de muchas maneras, ya sea con cursos que ofrece la Unió de Pagesos como escuchar atentamente los consejos que pueden darte otros apasionados del campo», asegura.

El mundo de la pagesia es complicado, ya sea por los precios de los productos, por las condiciones climáticas e incluso por la masificación turística. «En el caso de las ovejas, cada vez dan menos rentabilidad debido a que la construcción de casas hace que haya menos espacio para que los animales puedan pastar», añade. Otra problemática que a menudo pasa desapercibida en el mundo ganadero es la importación de productos de la Península debido a sus altos costes por la insularidad que no permite competir en precios.

Las ayudas que les proporciona la PAC les facilita mucho el trabajo; sin embargo, le gustaría que el precio del producto se incrementasen y con las ayudas solo fuese necesario para poder comprar maquinaria. Aunque a Pol le gustaría que sus hijos aprendieran de su oficio, se conforma con que su familia, y su alrededor valore el trabajo que conlleva producir producto local y de buena calidad.