Sebastià Solivellas lleva toda una vida dedicada a la producción de aceite de oliva virgen extra en Alcúdia. | Curro Viera

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El mundo de la aceituna no tiene secretos para Sebastià Solivellas, que lleva toda su vida entre este el fruto y sus árboles. Su conocimiento del arte de crear el mejor oli d’oliva le llevó incluso a ser presidente de la DOP Oli de Mallorca hasta 2019. Actualmente su actividad vuelve a concentrarse en su finca de Alcúdia, Es Guinyent, desde la que sigue produciendo el aceite que lleva el nombre de su familia. La historia de la finca se remonta al comienzo del siglo XIII, cuando en ella se encontraba una alquería y según la etimología, su nombre podría significar ‘djinàn’ o ‘jardines’.

Se relación con este cultivo comenzó en 1997. En aquella época la mayoría de los olivares estaban en la Serra de Tramuntana o en la comarca de Llevant. «Plantar olivos fue una especie de experimento y la nuestra fue una de las primeras plantaciones en el Pla». Con el objetivo de poner a prueba «nuevas variedades y formas de manejo enfocadas a conseguir la máxima calidad del aceite» desarrolló un producto que tiende a alcanzar la excelencia. El aceite es un asunto de familia. Tanto sus padres, Cati y Pep, como Sebastià y su hermano Pep Jr. se precian de ser una familia dedicada el aceite.

Una de las claves del proceso está en la materia prima y su manipulación: «Controlamos todos los pasos del proceso y todos los elementos que se emplean. Desde que florece el árbol hasta que el aceite se embotella, nuestro cuidado es máximo. La actividad diaria depende fundamentalmente de la época del año. «Al abarcar todos los escalones de la producción, el día a día lo marca el estado del cultivo, «la producción de la aceituna, el envasado y la comercialización, así que según la temporada el trabajo es uno u otro».

El mercado, según Solivellas, va evolucionando positivamente. «A nivel general vamos incrementando ventas y abriendo nuevos mercados, pero ello implica aumentar la producción para dar una adecuada respuesta a la demanda». A pesar del buen comportamiento del mercado, destaca un factor negativo en la ecuación: «La mayor dificultad para nuestro negocio es el desconocimiento que todavía existe sobre el aceite de oliva. Es increíble que en un país, que es el mayor productor del mundo, todavía los consumidores opten por aceites refinados o de semillas antes que consumir aceite de oliva virgen extra».

En ese sentido admite que se ha ido avanzando mucho en la apreciación del producto, para lo cual ha sido indispensable la labor de diversas instituciones como la DO Oli de Mallorca, «que ha puesto a disposición del público toda la información necesaria para poder entender y reconocer la calidad de los aceites mallorquines. «Mantener la producción en la Isla es muy importante para su medio ambiente, su paisaje y su economía. Mallorca es un lugar privilegiado para conseguir la máxima calidad agroalimentaria».