Héctor Escandell: «Con ocho o nueve años me vi todas las películas de James Bond protagonizadas por Sean Connery»

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Héctor Escandell posó con una sobrasada que le cogió prestada a su abuela. Foto: TONI ESCOBAR

Héctor Escandell posó con una sobrasada que le cogió prestada a su abuela. Foto: TONI ESCOBAR

03-04-2016

Podríamos decir que nuestro aspirante a Sardina Negra de hoy es el Woody Allen ibicenco, al menos en la faceta de director. Una afirmación que, conociéndole, seguro le pondrá colorado y le hará bajar la mirada. Y es que, sinceramente, hay pocas personas que tengan más los pies en el suelo como él.

El caso es que Héctor Escandell es uno de los directores de cine más prolíficos que ha dado nuestra isla. A sus 38 años de edad ha grabado, si el servicio de documentación no nos falla, La guerra de las patatas (1998), La llamada (2000), Memorias de mi año sabático (2000), Las mujeres de Álex (2002), La pócima del doctor Chang (2004), la divertidísima El tercer ojo (2010), Los remedios de la abuela (2010), Dr. Sí (2010), Vecinas (2012), el corto de Los crímenes del día de todos los santos (2013) y dos teaser de Una Noche en la Guarida del Ángel, ambos en 2015. Y hace apenas un mes acaba de terminar, junto a su inseparable Vicent Torres el rodaje de Los crímenes del Día de Todos los Santos, su ópera prima dentro del mundo del largometraje.

Por ello, y con motivo de su entrevista para entrar en el selecto club de Sardinas Negras, Héctor Escandell, ibicenco, criado en Puig d’en Valls, seguidor del Real Madrid y jugador de fútbol durante unos seis años en categorías inferiores del Ibiza, nos lleva a un bosquecillo de la carretera de Sant Mateu donde rodó para la película una espectácular persecución con drones. Se presenta con jersey azul, pantalón vaquero y zapatillas deportivas, y con una sobrasada que le ha cogido prestada a su abuela y que huele que alimenta.

Además, tras un breve camino compartiendo coche hasta el lugar de la entrevista, descubierto por cierto por el fotógrafo Marco Torres Walker, uno se encuentra con otra faceta de este director de cine ibicenco. Por casualidad sale el tema del fútbol y en apenas dos minutos la marcha se convierte en una amena conversación sobre este deporte, sobre cómo lo entendemos, sobre como ha cambiado todo y sobre lo bueno que es el futbolista italiano Andrea Pirlo. Y es que, Héctor Escandell, es mucho más que un director y una enciclopedia humana de cine.

—Buenos días. ¿Se ha recuperado ya del final del rodaje de Los crímenes del Día de Todos los Santos? Tengo entendido que fue casi peor que el que vivieron los miembros de la película Apocalipsis Now...

—(risas) No se si tanto pero si que fue complicado. Después de un rodaje de doce meses, va y nos coge el peor fin de semana de lo que llevamos de año 2016. Rodamos en la iglesia de Sant Vicent de Sa Cala y en el cementerio y no paró de llover ni de soplar viento en ningún momento. Se hizo complicado pero conseguimos salir adelante.

—Pero lo importante es que se teminó...

—Sí casi fue un milagro. No se como los cerca de sesenta extras que participaron se atrevieron a venir, vestidos de época y algunos con trajes de verano...

—El caso es que para su película ha juntado a todo el star system de Eivissa... desde Ana Vide a Jesús Rumbo... ¿Cómo lo han conseguido?

—(risas) Bueno porque la gente se ha volcado desde el primer momento. La película es muy coral porque se narran historias de minúsculos grupos que luego acaban confluyendo. Por eso, necesitábamos un reparto muy heterogéneo, desde un hippy a un payés o a un agente de la Guardia Civil. Y al final lo hemos conseguido gracias al apoyo de todo el mundo.

—Hay mucha gente que dice que irá a ver la película sólo por ver al escritor Lluis Ferrer Ferrer con esos bigotes.

—(risas) Y más. Además, solo puedo adelantar que soltará una frase muy contundente que será recordada por los amantes de la historia del cine.

—¿Por qué ambientar la historia en los años 70? Parece de locos teniendo además poco presupuesto...

—Porque la intención era hacer un homenaje a las películas de temática slasher, un subgénero del cine de terror que causó furor en los años 70 y cuyo máximo exponente es La matanza de Texas. Eso sí, nosotros quisimos darle nuestro toque, más castizo, pagès y berlanguiano.

—Viendo el trailer... ¿cuántos litros de sangre han gastado en la película?

—(risas) Pues menos de los que se cree. La mayoría se emplearon para el corto que se ha unido al largo, así que de 80 minutos que durará la película habrá 72 o 73 minutos sin sangre. Pero eso sí, teniendo al maestro Adrián Cardona a los mandos, la gente quedará satisfecha.

—¿Hacer una película en los tiempos que corren y sin casi presupuesto es de valientes o de locos?.

—De insconcientes más que nada. Ahora está muy complicado sobre todo si no se tiene el apoyo de una televisión detrás porque son ellas las que se encargan de la distribución. Pero bueno, nosotros vamos paso a paso, ya hemos grabado el largo y ahora iremos a los festivales con ella porque allí se mueve un gran circuito de distribuidores profesionales. Y después, sería fantástico poder estrenarla en cines de la Península. Eso sí, en Eivissa la pasearemos por todos los municipios.

—¿Cómo le dió por hacer cine? ¿Era de los que tenía un Cine Exin de pequeño?

—Pues si (risas). Y es que yo ya tengo cierta edad... De hecho soy de los que vi ET en el cine. Lo cierto es que a mediados de los años 80 me dió por ver las películas de James Bond, las buenas, las de Sean Connery, y a partir de ahí me aficioné tremendamente, sobre todo a las de slasher o terror setentero.

—Debía tener 8 o 9 años ¿No tenía pesadillas?

—Qué va. Desde bien pequeño tenía muy claro que eso era ficción nada más.

—¿A qué director le gustaría parecerse?

—No lo sé. Mi director preferido siempre fue Woody Allen pero no puedo parecerme a él porque es un super dotado. Igual pasa con Steven Spielberg o Quentin Tarantino. Son auténticos genios.

—¿Y con qué actor o actriz le gustaría trabajar?

—Por supuesto con Sean Connery, aunque ahora vive en Las Bahamas y está retirado a sus 85 años. Además, si ha renunciado a hacer Indiana Jones 4, creo que lo tengo complicado. Pero bueno, digamos, por ejemplo, Michael Caine o Cristopher Plummer. Soy más de clásicos.

—Y ya puestos... ¿Qué tipo de película le gustaría dirigir? Comedia, históricas, superproducciones...

—Bueno paso a paso. Le digo sinceramente que no se si va a haber más películas después de Los Crímenes del Día de Todos los Santos. Vivo en Eivissa, y no tengo ninguna oferta laboral para marcharme fuera. De momento centrémonos en terminar la que tenemos entre manos.

—¿La insularidad también es un problema?

—En parte. Siempre es más difícil conseguir las cosas. De hecho nosotros lo hemos hecho todo a nivel modesto comprando las cámaras de nuestro bolsillo y aún las estamos pagando.

—Pero consiguieron grabar una persecución con drones...

—(risas) Si, gracias a la ayuda desinteresada de media isla y de la que le hablaba antes. En este caso de nuestro encargado de sonido, Fady Khazaal. De hecho, a pesar de que participa un equipo técnico enorme y más de cien actores, de los que cuarenta o cincuenta dicen al menos una frase, nadie ha cobrado un duro y solo conseguiremos beneficio si logramos que la película genere dinero.

—¿Se imagina yendo a una gala de los Goya o de los Óscar?

—Bueno si acabáramos yendo me lo imagino más rollo todo Serie B. Me veo más de ese perfil.

—¿Se pondría esmoquin para la ceremonia?

—(risas) Sí. Si no hubiera más remedio. Digamos, por ejemplo, para recibir el Premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Los Crímenes del Día de Todos los Santos. ¿Se imagina?

—¿Por qué no? Siempre hay que ser positivo. ¿Cómo se lo imagina usted?

—(risas) No se... pero bueno, me imagino que acabaría un poco decepcionado por no poder hacer un buen discurso. Siempre se agradece el trabajo al equipo, a la novia, a la madre, al hijo... y es normal, y casi nunca se habla de cine. Yo creo que a mi me saldría hablar de cine, pero siempre ajustándome mucho a los tiempos tan marcados. En fin, que no me veo.

—¿Y se imagina promocionando la película en El hormiguero?

—(risas) Pues no se. Le tengo mucho miedo a ese programa. Pero bueno, puedo estar tranquilo, con el nivel de personajes que llevan a ese programa casi puedo estar seguro de que no me van a llamar.

—Y ya la última. Esta es una pregunta que tenía guardada de parte de un amigo mutuo muy especial... ¿Para cuando una segunda parte de El tercer ojo?

—(risas) Qué grande Jesús Rumbo. La verdad es que nos lo pasamos genial haciendo el corto y eso que rodamos en tan sólo ocho horas en tres localizaciones diferentes, el Bar Flotante de Talamanca, mi casa y la consulta de un oculista... pero bueno sí, estaría genial hacer una secuela.

EL TEST

Un libro

El nombre de la Rosa de Umberto Eco

Una película

Por no decirte de nuevo El Nombre de la Rosa, me quedo con Manhattan de Woody Allen o Pulp Fiction de Quentin Tarantino

Una serie

Estoy enganchado a muchas

Un color

Amarillo

Un plato de cocina

Cualquier plato payés

Un deporte

El fútbol, sobre todo si juega el Real Madrid

Un lugar de la isla donde perderse

Cualquier lugar del campo ibicenco

Un viaje que nunca olvidará

El último que he hecho a Londres. Me ha sorprendido la ciudad y me ha encantado

Una manía

Tengo muchísimas así que lo difícil es quedarme con una

Un defecto

Soy muy pesado

Una virtud

Soy muy pesado y eso me ayuda a que salgan muchas cosas

Un sueño por cumplir

Estrenar comercialmente una película

Alguien a quien admire

A todos los científicos que están trabajando y estudiando, en ocasiones sin  muchos medios, para que vivamos mejor

LA PREGUNTA

-¿Por qué decidieron ambientar la película en los años 70?

-Porque queríamos rendir nuestro homenaje a una Eivissa que ya no volverá y que tanto Vicent como yo añoramos. No es que queramos volver a los 60 o 70 sino que nos parece que la isla está a punto del colapso. Nosotros, por ejemplo, a pesar de irnos a los lugares más recónditos de Eivissa, como las Puertas del Cielo, siempre había un party boat o alguien con la música a todo volumen que fastidiaba la escena. No es cuestión de romper lo que hay sino de llegar a un consenso para seguir disfrutando de nuestra isla.

 

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