El reo estaba siendo trasladado a un centro clínico dental del centro de Ibiza cuando se produjo el asalto al furgón. | Moisés Copa

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«Parecía una película; ha sido tremendo, pero ya no nos sorprende nada». Así se manifestaba una vecina del centro de Ibiza tras presenciar el violento asalto perpetrado por unos encapuchados que a media mañana de ayer abordaron a los agentes de un furgón de la Guardia Civil que trasladaba a un interno de la prisión de Ibiza a un centro médico. Según informaron desde la OPC de la Guardia Civil, los hechos ocurrieron en torno a las 11.00 horas en el entorno de la calle Aragón cuando dos hombres, que iban con el rostro cubierto y armados con pistolas, abordaron a los agentes que realizaban la conducción del reo, que había sido trasladado a un centro clínico dental de Vila.

Las mismas fuentes indicaron que los agentes lograron retener al preso, un ciudadano británico con una causa pendiente de la Audiencia Nacional, tras mantener un forcejeo con los asaltantes. En pleno asalto, el reo trató de huir corriendo pero fue alcanzado por los guardias, mientras los otros dos individuos corrían en otra dirección. Tras el asalto frustrado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado activaron un operativo para dar con los asaltantes, que circulaban en un vehículo todoterreno oscuro. Los agentes revisaron las imágenes de las cámaras presentes en la zona para tratar de poner cara a los asaltantes.

El asalto al furgón policial en el centro de Vila conmocionó a los negocios y viandantes del lugar, que se alertaron cuando empezaron a escuchar gritos en la calle. Algunos de los comerciantes pudieron ver cómo se desarrolló la escena en la que un encapuchado atacó a punta de pistola a un agente mientras que el preso trataba de escapar a la carrera. Los gritos, el arma, los dolores que fingía el detenido antes de salir corriendo o los «llamad a la Policía» que exclamaban los agentes trajeron al centro de la ciudad «una escena de película».

«Me llamó mucho la atención ver al tío ese herido, que casi no podía ni caminar», comentaba la dependienta de una tienda de ropa sobre el preso. La mujer explicó que es una estampa habitual ver a detenidos con las esposas llegar escoltados a la clínica dental del principio de la calle Abad y Lasierra, entre la calle Aragón y la avenida España, pero que en esta ocasión tuvo «el presentimiento» de que pasaba algo raro. Poco después fue cuando escuchó los gritos y, al asomarse al escaparate, vio al preso huir a la carrera con las esposas enganchadas tan solo en una muñeca y un agente de la Guardia Civil persiguiéndole. La dependienta cerró la puerta tan rápido como pudo.

A la señora le extrañó ver tan solo a un agente correr tras el detenido. El otro, según comentó la dueña de un comercio que sí que tenía vistas del furgón y pudo ver con más claridad lo ocurrido, fue asaltado por un hombre encapuchado. Completamente de negro, apareció corriendo en el momento que el agente introducía al preso en el vehículo. El preso continuaba con su «paripé» y se dobló completamente para imitar el tener arcadas. Fue entonces cuando, según la comercial, el encapuchado llegó corriendo y propinó al agente varios golpes en la cabeza con la pistola.

Miedo

«Cuando he visto la pistola me he dicho: no puede ser», afirmaba la mujer, que también cerró las puertas de su negocio. Escondida pudo ver cómo el encapuchado se alejaba lentamente mientras apuntaba con el arma al agente al que había herido en la cabeza, que se mantenía inmóvil: «Menos mal que no era jovencito, porque quizá hubiese querido sacar también su arma y podría haberse montado una buena».

La gente del lugar no vio al segundo individuo armado que, según consta, ayudó al preso a escapar. La mayoría se perdieron el forcejeo con los agentes y, tras escuchar los gritos «que parecían de alguien del este o que no hablaba español», salieron a la calle y vieron al reo huyendo, como relataban, con las esposas colgando de una sola muñeca. «Ha sido de película», aseguraba la dueña de otra tienda, «el tío fingiendo encontrarse tan mal y después salir corriendo… lo tenía todo planeado». Una vecina que tomaba un café relató que al preso, un hombre calvo y corpulento, ya le vio la semana pasada en el mismo sitio fingiendo encontrarse fatal.

El suceso no solo conmocionó a los ibicencos. Isabella es una turista alemana que acababa de llegar a Ibiza y de bajarse del bus del aeropuerto cuando se encontró con la escena y quedó «en shock». «Pensaba que estaban jugando, que era una película», comentaba tras ver al encapuchado con la pistola, «pero después vi al otro policía peleando con el hombre de las esposas rotas y me escondí detrás de una pared».

Este caso no fue el único incidente grave del día. Así, ayer se tuvo que abortar el traslado de un alemán reclamado por la justicia de su país. El reo, miembro de la asociación Ángeles del Infierno y boxeador, protagonizó un violento incidente cuando era custodiado por la Policía alemana y el comandante del vuelo ordenó su desembarco. La Guardia Civil lo llevó nuevamente al Centro Penitenciario de Ibiza.

Trabajadores de la prisión

Trabajadores de la prisión de Ibiza, a través de la sección sindical de 'Tu abandono me puede matar', muestran su apoyo a los agentes de la Guardia Civil implicados en los hechos de este lunes. En este sentido, explicaron a través de un comunicado que este tipo de hechos «evidencian la peligrosidad a la que se enfrentan diariamente los trabajadores públicos encargados de la seguridad en las prisiones y de las conducciones de los internos al exterior, muchos de estos últimos pertenecientes a bandas criminales muy violentas». Además de mostrar su apoyo a los guardias civiles que se vieron implicados en el asalto recordaron que este tipo de reclusos «son custodiados diariamente por trabajadores públicos que nos enfrentamos con muy pocos medios a situaciones peligrosas que ponen en peligro nuestra seguridad y que necesitamos del apoyo de las Instituciones para realizar nuestra labor».

Por todo ello, reiteran su petición de que se dote a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a los funcionarios de Instituciones Penitenciarias «de los medios materiales y humanos necesarios e incentiven unas plantillas duramente mermadas por la emergencia habitacional que sufre la Isla de Ibiza y que impide que los trabajadores públicos realicemos nuestra labor en condiciones adecuadas de seguridad», según concluyeron.