Protesta por la muerte de Daunte Wright. | NICHOLAS PFOSI

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Kim Potter, la agente de policía que mató de un disparo en el pecho al joven afroamericano Daunte Wright el pasado domingo durante una parada de tráfico en Brooklyn Center (Minesota, EEUU) enfrentará cargos por homicidio involuntario en segundo grado.

El fiscal del condado de Washington, donde se encuentra esta localidad, Pete Orput, anunció los cargos este miércoles. Potter, que llevaba 26 años trabajando en el Departamento de Policía local, y el jefe de policía del Brooklyn Center, Tim Gannon, dimitieron este martes a raíz de la muerte de Wright, que se produjo muy cerca del centro de Minneapolis, donde George Floyd fue asesinado el año pasado.

Wright, de 20 años, falleció el domingo en el vehículo que conducía, cuando, durante un control de tráfico, Potter abrió fuego contra él de forma supuestamente accidental, dijo la Policía el lunes.

El día antes de su renuncia, Gannon explicó que la agente blanca quería usar una pistola eléctrica conocida como «taser» para inmovilizar a Wright, pero se confundió y disparó con su arma de fuego una bala que acabó con la vida del hombre.

En un vídeo de la cámara corporal de la agente, revelado por el propio cuerpo policial, se puede escuchar una voz femenina, la de Potter, exclamando la palabra «taser» antes de apretar el gatillo. Acto seguido se escucha a la misma voz diciendo: «Mierda, acabo de dispararle», mientras el coche conducido por Wright se aleja antes de estrellarse.

La familia de Wright y su equipo legal ya han rechazado frontalmente la versión policial, descartando que se trate de un «accidente». «No puedo aceptar eso. Perdí a mi hijo. No volverá nunca. No puedo aceptar eso, un error, que ni siquiera suena bien. Esta agente de policía ha estado en el cuerpo durante más de 26 años. No puedo aceptar eso», señaló este martes Aubrey Wright, el padre de Daunte, en el programa «Good Morning America», de la cadena ABC.

La muerte del joven afroamericano se produjo cuando los nervios están a flor de piel en Mineápolis (Minesota), pendiente de la sentencia del juicio contra Derek Chauvin, uno de los cuatro policías acusados del asesinato de George Floyd en mayo pasado, que desató una ola de protestas raciales en todo el país.