Un detenido junto a un agente en la Playa de Palma. | A. Sepúlveda

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Noche calurosa propia del mes de agosto. El mercurio marca los 28 grados y la sensación de humedad es alta. Son las 23 horas del viernes y los hombres y mujeres que integran el ‘Equipo Alfa’, el azote de la delincuencia de la Playa de Palma, inician su turno. Nos recibe en la comisaría de playa el máximo responsable del grupo operativo, el subinspector Manuel Gallardo que, tras un escueto briefing, ordena iniciar el servicio. Por cuestiones de seguridad, omitimos facilitar el número de efectivos policiales con el que trabaja cada noche el Cuerpo Nacional de Policía.

A la llegada a las dependencias policiales nos encontramos una imagen desoladora. Una mujer, de unos 50 años y nacionalidad alemana durmiendo en un banco de la comisaría. Los agentes la habían tapado con una manta y la estaban consolando así como podían. La mujer, nada más llegar a la Isla, había sido víctima de un robo. Se lo habían quitado absolutamente todo. No tenía documentación, dinero, ropa y estaba sola. Sorprendentemente, el consulado alemán cierra por las noches y carece de teléfono para emergencias. La germana tuvo que ser acogida por Cruz Roja en un centro.

El principal núcleo turístico de Baleares es una auténtica jungla. Es difícil poder explicar con palabras la lucha constante que mantienen los agentes a diario. Se trata de una guerra, cuerpo a cuerpo, contra la delincuencia. Ocho horas de servicio que se convirtieron en más de diez por vocación de servicio. Más de 15 kilómetros pateados por la arena, primera y segunda línea de playa en busca de los carteristas, ladrones, agresores sexuales, vendedores de droga y prostitutas nigerianas que se dedican a dar robar y dar palizas a los turistas.

PALMA.

Nada más comenzar el turno, uno de los agentes se percata de la presencia de un coche sospechoso. Su olfalto no le falla. Tras solicitar refuerzos se le da el alto en las proximidades de la calle Trasimé. En su interior, cuatro jóvenes con una importante cantidad de marihuana y dinero en efectivo. Se procede al levantamiento de las pertinentes actas y se le incauta la droga.

Unos minutos más tarde, los policías de paisano desplegados por la playa alertan de la presencia de africanos trapicheando en las proximidades de una conocida discoteca ubicada en la avenida Nacional. Tras realizar una redada -en colaboración con la UIP (Unidad de Intervención Policíal) se procede a la detención de dos súbditos nigerianos por encontrarse en situación ilegal en el país. «Hemos detectado un aumento muy importante de vendedores ambulantes que se dedican a la venta de droga», comenta el responsable del operativo.

PALMA.

La jungla no da tregua. No hemos parado ni un solo segundo y otros compañeros alertan de la presencia de conocidos rumanos que se dedican sistemáticamente a dar ‘palos’, con extrema violencia, a turistas ebrios. En algunos casos, la impotencia policial es máxima. Los funcionarios policiales detienen a los chorizos y tras presentarlos ante la autoridad judicial, a las tres o cuatro horas, ya están de nuevo en libertad campando a sus anchas.

PALMA.

Tras poner en marcha un seguimiento sobre los ladrones no les queda más remedio que desistir y abandonar la playa. Son las dos y media de la madrugada. Llegan los toxicómanos de Son Banya en búsqueda de turistas despistados y borrachos que se meten en mar y dejan sus pertenencias sobre la arena. Son los denominados descuideros. «Estamos ante un perfil de delincuencia que en una sola noche pueden obtener un botín de más de 1.000 euros», apunta uno de los agentes. Hasta las tres y media de la madrugada, la playa les pertenece, pero al tocar las cinco deben dejar paso a los carteristas profesionales. Cada día se presentan más de 40 denuncias por robo en el Distrito Playa. La presencia del ‘Equipo Cero’ evita centenares de hechos delictivos. Se han convertido, en los ángeles guardianes de la noche.