Pedro Alfonso A.Z., de 16 años, está en Es Pinaret. | ARCHIVO

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«No refiere arrepentimiento». El hijo de la mujer asesinada en s’Arenal, que oficialmente no ha querido declarar aunque su novia ha confesado que fue el autor del crimen, se ha mostrado «sorprendentemente frío» en sus primeras horas en Mallorca, tras ser detenido e ingresado en Es Pinaret.

El menor de origen ecuatoriano, defendido por el abogado Joan Sastre, utilizó para financiar su huida junto a su novia, Judith, los datos de una tarjeta bancaria que llegó por error a su casa de s’Arenal. El chico abrió la carta, copió el número y el pin, y volvió a cerrar la misiva. La destinataria no se dio cuenta hasta que la pareja huyó a Barcelona y se alojó en el cámping Tres Estrellas, de la localidad de Gavá. De ahí volaron a Bruselas, al hotel Bentley, y siguieron costeando su huida con esa tarjeta. Cuando fueron detenidos, Pedro Alfonso «no paraba de hablar» y lo mismo ocurrió en el traslado a España.

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A su novia le relató que el viernes día 10 discutió acaloradamente con su madre, con la que tenía una mala relación. Ella, siempre según esa versión, le atacó con un palo y él la golpeó. Cayó al suelo y se lesionó la nariz, quedando inconsciente. Fue entonces cuando él la «ahorcó». Judith, representada por la letrada María Antonia Moreno, siempre ha sostenido que supo del crimen cuando ya estaban fuera de Mallorca, huidos, y él se lo confesó. La menor, de 17 años, borró su perfil de Instagram y desinstaló de su móvil el WhatsApp. La vecina del Coll den Rabassa tenía muy mala relación con la madre de su novio, que no aceptaba la relación.

Antes de negarse a declarar, Pedro Alfonso contó que, tras nacer en Palma, había estaba viviendo en Palencia y después su madre lo mandó a Ecuador. Regresó hace unos años, pero chocaba mucho con Gloria Zavala, que era muy estricta con su educación.

El menor, en este sentido, explicó que a Gloria Zavala no la consideraba su madre. Sobre Bruselas como lugar de su huida, el adolescente contó que en un principio prefería Noruega, pero que su pareja lo encontraba un país «muy frío». Él no hablaba inglés (y ella apenas lo chapurreaba), pero en el hotel de Bélgica había trabajadores que hablaban español y se pudo hacer entender. A las seis de la mañana del martes de la semana pasada, la policía belga irrumpió en su habitación y capturó a los novios. Pedro Alfonso no se alteró ni en ese momento de tensión extrema.