Fachada principal del chalé de tres plantas okupado en sa Font Seca. | Pere Bota

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Un perro de raza shar pei se asoma por la barrera de acceso a un chalé okupado en la urbanización sa Font Seca (Bunyola). Ladra sin parar. Hay una moto negra aparcada en la puerta de este domicilio. Una luz de un móvil emerge, de repente, por una ventana junto a la puerta principal. La mujer que okupa la casa pide al fotógrafo y al periodista de Ultima Hora que dejen de hacer fotos. «¿Por qué hacéis fotos a mi moto?, ¿Podéis dejar de molestar, que están ladrando mis perros y no puedo dormir?».

Son las 17.15 horas de la tarde del 18 de abril. La mujer está indignada por la presencia de los reporteros. Insiste en que se marchen del lugar. «¿Podéis dejar de invadir la intimidad de la gente?», pregunta a lo lejos desde una de las terrazas de la casa.

Los invasores del chalé, de tres plantas, con piscina y vistas espectaculares a Palmanyola, son cuatro personas, según los agentes, que las identificaron. La okupa se empieza a irritar: «Hasta que no lo diga un juez no nos iremos».

La presencia de estas personas preocupa a los vecinos. Se sienten «inseguros». «No se nos pasaba por la cabeza que esto pudiera ocurrir aquí, yo estoy atemorizada», dice una mujer. Un vecino habló el lunes con el alcalde de Bunyola, Andreu Bujosa, y, según cuenta, le explicó que como institución no pueden hacer nada.

El propietario del chalé okupado murió hace un año. Sus herederos se han encargado hasta ahora de mantenerlo. El domingo 8 de abril «hicieron unos arreglos». Volvieron la semana siguiente y ya no pudieron abrir la puerta. La cerradura estaba bloqueada.