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Al menos 91 personas murieron por un alud de tierra en una mina de jade en el estado Kachin, en el noreste de Birmania (Myanmar), que sepultó decenas de precarias cabañas donde vivían los mineros, informó este domingo la web Democratic Voice of Burma.

La avalancha ocurrió de madrugada en Hpakant, cuando una columna de tierra y desechos de al menos 80 metros cayó sobre unas 70 chozas, indicaron testigos a la prensa local.

El accidente ocurrió cuando algunos ciudadanos locales escarbaban en las montañas de piedras desechadas por las compañías mineras con la esperanza de encontrar una pieza de jade desapercibida por los operarios.

Según las autoridades, la montaña provocó una avalancha que mató a los que buscaban jade y a otros muchos que dormían en las cabañas sepultadas.

«Sólo escaparon de la avalancha cinco cabañas. Puede que haya un centenar de muertos», afirmó un residente, según el diario Global New Light of Myanmar.

Hpakant, situado a más de 1.100 kilómetros al norte de Rangún, la antigua capital, es un remoto distrito situado en una zona montañosa donde proliferan las minas de jade.

Birmania es el mayor productor de jadeíta, una codiciada variedad de jade, principalmente en las montañas de Kachin, donde el Ejército libra combates desde 2011 contra la guerrilla de la minoría kachin.

Global Witness denunció el mes pasado las situaciones precarias en las que trabajan los buscadores de jade en las minas, propiedad en ocasiones de señores de la guerra, narcotraficantes o generales de la antigua junta militar.

En un informe, la ONG aseveró que el comercio de estas gemas está valorado en unos 31.000 millones de dólares (unos 27.800 millones de euros), la mitad del Producto Interior Bruto birmano.

Sin embargo, la cifras oficiales son más bajas debido a la opacidad del tráfico de jade, que en parte se trafica de forma ilegal a China, donde es muy apreciado.

Las duras condiciones de las minas afectan a los trabajadores, que en ocasiones utilizan drogas como la metanfetamina para combatir el cansancio y terminan convirtiéndose en adictos, mientras que la explotación sin control ha contaminado tierras y ríos, según Global Witness.

Durante siglos, las escarpadas e inhóspitas sierras del norte de lo que hoy es Birmania eran evitadas por las caravanas de mercaderes por temor a encontrarse con las tribus kachin, antaño fieros guerreros y cazadores de cabezas.

Los kachin, como los wa o los naga, cortaban las cabezas a sus enemigos y las exhibían en sus poblados para alejar a los malos espíritus, costumbre que abandonaron tras la colonización de los británicos en el siglo XIX.

A partir del siglo XVIII, los yacimientos de jadeíta empezaron a estimular un creciente comercio con China, donde esta piedra preciosa simbolizaba el estatus de poder e incluso se utilizaba para fabricar trajes mortuorios entre las clases dominantes.

El la actualidad, el Ejército para la Independencia Kachin es una de las mayores guerrillas que combate al Ejército birmano en una de las guerras civiles más longevas del mundo.

Hpakant, a pesar de encontrarse en medio del conflicto étnico, es conocida como «la pequeña Hong Kong» por su comercio de artículos de lujo alimentado el lucrativo tráfico de jade, al tiempo que atrae a numerosos cazafortunas.

Birmania, sometida a diferentes juntas militares desde 1962, cedió el poder a un Gobierno civil en 2011 e inició reformas políticas y económicas.

La líder opositora y nobel de la paz, Aung San Suu Kyi, ganadora de las recientes elecciones, se comprometió a trabajar para garantizar la sostenibilidad de la explotación de los recursos naturales de Birmania, un país rico en gas natural, bosques y piedras preciosas como rubíes o jade.