Ana Eva. | ARCHIVO

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El miércoles 21 de octubre se cumplen catorce años de la desaparición de Ana Eva, la profesora del colegio Santa Mónica en paradero desconocido desde 2001. «Ha pasado mucho tiempo, pero las técnicas policiales han avanzado mucho. Eso es un punto a nuestro favor. Mira lo que ha pasado con el crimen de la niña Eva Blanco: se ha esclarecido 18 años después», señalar un veterano del Cuerpo Nacional de Policía, que reconoció que «Ana Eva siempre será para nosotros una espina clavada, hasta que encerremos al culpable».

Esta declaración lleva implícita una certeza policial: que la joven maestra de 27 años no desapareció de manera voluntaria. Esa noche de sábado Ana Eva Guasch quedó con sus amigas a las 22.00 horas. El plan era ir a casa de un amigo que celebraba un cumpleaños. La fiesta duró hasta las cuatro, cuando la profesora y otros amigos se fueron al Paseo Marítimo.

Poco antes de las cinco y media la joven dio por finalizada la noche y acompañó a una amiga y su novio en coche. La principal hipótesis es que Ana Eva abrió a un conocido, porque la puerta no estaba forzada.

La casa de la maestra estaba ordenada y sólo faltaba una colcha, una lámpara y el ordenador de la maestra. Muy pocos sabían que Ana Eva, que era extremadamente discreta, había comenzado una relación con un argentino. Ese individuo se convirtió en el principal sospechoso de su desaparición.

Desde entonces, y ya hace catorce años, el sudamericano está en el punto de mira del Grupo de Homicidios. Lo detuvieron varias veces, pero nunca se derrumbó.

El caso, judicialmente hablando, está en fase de sobreseimiento provisional. Sin embargo, esa calificación no significa que esté cerrado. Ni mucho menos. «Para nosotros es un caso prioritario, nunca lo cerraremos. Los adelantos tecnológicos son brutales y quién nos dice que todas esas pruebas que recogimos en los primeros días no arrojen luz alguna vez», añadió la misma fuente, que recordó de nuevo lo que le ha ocurrido a la Guardia Civil con Eva Blanco, 18 años después de su violación y crimen: «No hay que tirar la toalla nunca».