Arresto, durante los altercados, de los dos miembros de los clanes que cuentan con antecedentes policiales. | Vasil Vasilev

17

Los detenidos en la batalla campal entre un clan gitano y otro nigeriano registrada en la madrugada del miércoles en Son Gotleu cuentan con antecedentes policiales por drogas. Durante la noche de incidentes, en los que participaron más de un centenar de personas de ambos grupos, los agentes desplegados de la UIP (Unidad de Intervención Policial), procedieron al arresto de tres personas, aunque finalmente, una de ellas quedó en libertad con cargos horas después.

Los otros dos, presentados ante la autoridad judicial, uno de cada bando, son viejos conocidos por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por una parte, el integrante del clan gitano, desde el año 2000 hasta el 2014, cuenta con antecedentes policiales por amenazas de muerte, atentado contra agentes de la autoridad, delito contra la seguridad del tráfico, malos tratos en el ámbito familiar y tráfico de drogas. El súbdito nigeriano fue detenido y acusado de formar parte de una asociación ilícita y por tráfico de drogas.

Noticias relacionadas

Desde el minuto cero, el Cuerpo Nacional de Policía se mostró muy prudente en sus declaraciones. Fuentes próximas al caso a las que ha tenido acceso Ultima Hora apuntan que están analizando las versiones facilitadas por ambas partes, pero que hay serias dudas sobre la veracidad de las mismas. Los gitanos apuntan a que todo se inició porque los africanos tocaron el culo a una niña gitana y esto desató una gran discusión. Los nigerianos acusan al bando contrario de que el arrestado iba muy borracho y arremetió contra una camarera e insultó a la comunidad negra. Mientras tanto, los investigadores siguen tratando de esclarecer los hechos.

En la barrida, los vecinos lo tienen muy claro: «Hace años que se disputan el territorio y el mercado de la droga. Los políticos viven en otro mundo, pero les invitamos a que pasen una noche en nuestras casas y comprueben que esto es un infierno», comenta María, residente de la plaza Fra Joan Alcina.