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En el multiusos Fontes do Sar, en la capital gallega, donde se ha habilitado un tanatorio provisional, los que llegan no quieren pedir micrófono y foco. Solamente encontrar a los suyos.

«¿Y mi familia? Estamos buscando por todas partes, madre mía».

Es el grito desolado de un hombre. Algunos parientes suyos viajaban en el Alvia Madrid-Ferrol, protagonista de un fatídico accidente que, con más de medio centenar de víctimas mortales, es el más grave de todos los siniestros de tren registrados en el mundo en lo que va de 2013.

Antes que él, otra mujer traslada su desolado grito, en alto, dirigido a quien quiera escucharla y pueda proporcionarle una contestación.

«¿Mi tía?, ¿está aquí?». Es su tercer intento. Ha recorrido los hospitales y ha acudido al compostelano edificio Cersia, donde psiquiatras, psicólogos y personal de los equipos que atienden a los familiares han comenzado a proporcionar los primeros datos.

«Por prudencia las cosas van lentas», cuenta entre llorosa y resignada.

Intenta probar suerte en esta morgue, escenario de un verdadero ajetreo. Allí espera que la respuesta sea negativa.

«Mi tía tiene 70 años. Si el nombre no aparece en la lista no me dejan entrar», cuenta a la vuelta a los informadores. «Estoy un poco confusa, y consternada. No sé a dónde acudir ya».

«Estamos todos repartidos, entre unos puntos y otros, para ver quién obtiene información antes. Esto es desesperante».

La solidaridad con su dolor es absoluta y obligado el consuelo.