Beatriz Delgado y Jurgen von Hohenlohe, en la cafetería de Palmanova donde tuvo lugar la entrevista. | PATRICIA LOZANO

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Jurgen von Hohenlohe y su mujer, Beatriz Delgado, fueron detenidos por el Cuerpo Nacional de Policía en marzo del año pasado en la ‘operación Boa’. Se les acusaba de idear una estafa piramidal en la que habrían quedado atrapados 160 inversores, en su mayoría alemanes residentes en Mallorca. El juzgado decretó su ingreso provisional en prisión y, sólo en el mes de diciembre se fijó una fianza, de 60.000 euros para ella y de 10.000 para él.

—¿Cuándo se instaló usted en Mallorca y comenzó a trabajar con inversiones?
— Jurgen: Llegué a Mallorca hace 17 años. Soy restaurador de obras de arte y estoy especializado en pintura del siglo XVIII. Nunca, nunca he trabajado con inversiones.

—¿Entonces, por qué fue el arresto?
—Beatriz: Él no hacía ninguna actividad sobre inversiones. Había actividades en mi empresa, European Statements. Cobraba un sueldo como empleado y tenía un poder. Este punto es un completo error. Mi empresa funcionaba desde 1998 y era una empresa conocida en Mallorca. Completamente transparente. Lo que hubo fue una serie de clientes con los que había un reconocimiento de deuda firmado ante un notario. El día que nos ingresan en prisión no había vencido ninguno. Sólo había algún cliente que no había cobrado de forma puntual, dos o tres meses, como máximo.

—¿Quién busca esos clientes, usted o su marido?
—Beatriz: No los buscamos. Son clientes que vienen. Nosotros somos intermediarios financieros. Nos llamaban porque querían comprar una vivienda, porque querían vender la suya o porque necesitaban una financiación. Todo se hace hasta 2008 siempre con bancos. Es un servicio de bróquer financiero.

—¿Y después de 2008?
—Beatriz: Los bancos comienzan a cerrar puertas y vienen clientes que me pedían a mí a ver si podíamos intermediar. La solución bancaria no se la podíamos dar y ofrecía a los clientes prestamistas privados. Yo no ponía las condiciones.

—¿Y los prestamistas qué rentabilidad lograban?
—Beatriz: Una parte de esas cantidades, los clientes comienzan a pedir qué opciones podemos tener para tener más rentabilidad. Comentamos la posibilidad de tener ingresos y ofrecerles un tipo de interés determinado y empezamos a hacer los primeros reconocimientos de deuda. Una parte de esa hipoteca privada la dejaban con nosotros. Es un préstamo, no una inversión.

—¿Qué interés? Porque se habló de que ofrecían hasta un 30 por ciento.
—Depende, un siete, un doce. Son intereses altos, pero no tanto tal y como están ahora. Nunca llegaron a tanto. Los documentos que entregaremos el jueves al juez lo demuestran. Hasta que pasó lo que pasó todos recibían puntualmente sus interses.

—¿Qué falla entonces?
—Los empleados se fueron a la vez en mayo de 2011 urdidos por un señor que ya nos puso una querella que se archivó y le sentó fatal. Empezó su propia guerra que nos ha llevado hasta aquí. Puse siete denuncias en la policía contra él. Habló con clientes y con los empleados para generar una situación de inactividad. Si yo me quedo sin empleados no puedo funcionar, pero ya tenía una solución para devolver el dinero con un inversor ruso cuando nos detuvieron. Fuimos completamente legales. Si no nos hubieran metido en prisión los clientes habrían cobrado los cinco millones que debíamos.

—También se ha dicho que es un falso noble.
—Jurgen: ¿Qué pone aquí? (enseña su pasaporte donde aparece como Prinze von Hohenlohe).

—¿Pero lo es de nacimiento?
—Jurgen: Para mí no hay más que decir. No hay debate. (Señala de nuevo el pasaporte).

—¿Cómo se siente ahora?
—Jurgen: Tenía una buena vida que se destruyó de un momento a otro. En un segundo.