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Son momentos difíciles y muy complicados para Antoni Vallespir, prior del Santuari de Lluc. Lleva sin dormir más de 24 horas y la preocupación se refleja en su cara.

«El cap de fibló duró sólo unos cinco minutos, pero no lo olvidaremos nunca. Debo dar gracias a Dios porque, dentro de lo malo, no tenemos que lamentar ningún daño personal importante», añade el máximo responsable del Santuari.

«Aún no hemos realizado una evaluación exhaustiva de los daños materiales, pero por encima podemos afirmar que serán muy cuantiosas las pérdidas materiales. En primer lugar, los porches de las celdas, están catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC) y no ha quedado absolutamente nada. Todas las tejas han caído y las pocas que han aguantado están siendo retiradas por los bomberos porque representan un claro peligro. También se ha visto seriamente dañado el reloj de la fachada de la Basílica que se encuentra en la plaza del Bisbe Campins. Finalmente, la zona del Aculliment también ha recibido el impacto de numerosos árboles. Lo más grave, sin duda alguna, son los más de 8.000 metros cuadrados de tejado del todas las instalaciones», comenta el prior.

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Uno de los puntos que más preocupan a los responsables del Santuari es la proximidad de la época de lluvias en Lluc. «Estamos a las puertas de la temporada de lluvias y las reparaciones hay que ponerlas en marcha lo antes posible. Pensar que hay 8.000 metros cuadrados de tejados para reparar. Los niños de la escolanía los hemos enviado a sus casas como medida preventiva de seguridad. Quiero agradecer a todo el mundo sus muestras de solidaridad. Ahora más que nunca hay que subir a Lluc a rezar», concluye.

Visita

El prior, a primera hora de la mañana de ayer, recibió la visita de Lluc Riera, vicario general de Mallorca, quien le ofreció toda su ayuda y colaboración. Riera, visitó la zona cero y la catalogó de «desastre total».