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Tania Aparecida Miranda, mujer de 39 años de nacionalidad brasileña, apareció muerta hace poco más de un mes, ahogada en una charca de las afueras de sa Pobla.

Tras una exhaustiva investigación realizada por agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil y una vez practicada la autopsia, se concluyó que la muerte de la brasileña había sido accidental.

Tania estaba sola en la Isla y no tenía ningún familiar próximo en España. Por ese motivo, una vez entregado el cuerpo, comenzó una auténtica odisea. Gracias a las gestiones de la Asociación Amigos del Brasil de Balears, con su presidenta, Sandra de Melo Franco al frente, los trámites se agilizaron y consiguió que su compatriota fuese enterrada dignamente.

El pasado martes, el alcalde de sa Pobla, Gabriel Serra; el jefe de la Policía Local, Pere Perelló; el rector, mòssen Joan Pons y la representante de la asociación Pa i Mel , Lucía Segura, acudieron al sepelio y posterior sepultura.

Sandra de Melo, de la asociación Amigos del Brasil, afirma: «La comunidad brasileña está muy agradecida por la forma con la que, tanto las autoridades municipales como las entidades sociales, han tratado el asunto en todo momento, mostrando una gran humanidad, proporcionando un entierro digno a Tania, inmigrante y sin familia en España, pero con muchos amigos. Para mi personalmente, el trato dispensado por todos en sa Pobla demuestra que el mallorquín es un pueblo muy solidario y amable», concluye.

El entierro fue sufragado por el Ajuntament de sa Pobla y por la empresa funeraria Molondro, dirigida por Miquel Bennàssar.

Tania Aparecida era una persona muy conocida y querida en el municipio. Muy trabajadora e interesada en su formación profesional, como atestigua Lucía Segura, de la asociación Pa i Mel , organizadora de los cursos a los que la fallecida acudía frecuentemente. Sa Pobla se convierte nuevamente en un ejemplo de solidaridad, tolerancia y colaboración entre sus ciudadanos.

Sandra de Melo remitió las fotografías del entierro a los familiares de Tania Aparecida, en Brasil, para que pudieran comprobar que su hija fue enterrada de manera digna en el país donde había fallecido.