Imagen de varios operarios procediendo al derribo de una de las construcciones del poblado de Son Banya. | ALEJANDRO SEPULVEDA

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Uno no puede estar en todo, por muy narcotraficante que sea. Los operarios que ayer tiraron abajo dos chabolas ilegales de Son Banya se encontraron con un regalo muy habitual en el poblado: droga escondida en la vivienda.
Por la mañana, efectivos de Emaya, técnicos del Ayuntamiento y Policía Local se desplazaron al gueto gitano para demoler otras dos viviendas. Los operarios iban ataviados con mascarillas y trajes especiales, ya que tenían que desmontar placas de uralita y otros materiales tóxicos. En los primeros momentos, algunos vecinos del poblado mostraron su indignación por la medida de Cort, pero la fuerte presencia policial disuadió a los más osados. Una de las casetas demolidas se encontraba muy cerca del antiguo chalet de 'La Paca', ahora también derribado, y era en realidad un anexo, no una casa independiente. Los trabajadores retiraron ventanas, puertas, cristales y maderos, y en un momento dado descubrieron marihuana y hachís.
El derribo quedó paralizado de forma provisional, hasta que la Policía Judicial se incautó de los estupefacientes y continuó la demolición. Son Banya es una caja de sorpresas: tesoros enterrados y droga en las paredes. Y narcotraficantes despistados.