Una imagen de archivo de la zona de acampada de Lluc. | Archivo UH

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«Ha sido una pesadilla. Nosotros instalamos las tiendas de campaña y, sobre las diez de la noche, acostamos a los niños pequeños. En la zona de acampada éramos más de 500 personas, muchos de ellos menores. A las dos o las tres de la madrugada, un grupo de jóvenes, todos borrachos, llegaron haciendo ruido, gritando y cantando. Algunos excursionistas les recriminaron sus gritos, pero ellos pasaban de todo», relata Antonia Sastre, una testigo de los hechos. «Iban tan borrachos que comenzaron a vomitar por encima de nuestras tiendas. Los niños comenzaron a llorar y lo que tenía que ser unos días de fiesta se convirtieron en una pesadilla. La cosa no acabó aquí. Cuando muchas personas se levantaron y les volvieron a recriminar sus acciones, cogieron y se marcharon a la zona de los baños públicos. Allí hicieron auténticos desastres», concluye.
Al día siguiente, los operarios del Ibanat, responsables de la zona, al llegar a las instalaciones públicas se encontraron con un panorama desolador. Los baños inundados, tazas de los waters totalmente atascados y una fosa llena de piedras. Los vándalos se habían pasado toda la noche haciendo destrozos en el mobiliario urbano, de hecho, varias vallas, leña y zonas comunes también se vieron afectadas.
Durante todo el Viernes Santo, más de 10 miembros del Ibanat trabajaron sin cesar para intentar restablecer la normalidad, pero los daños eran tan grandes que no lo consiguieron. Una empresa privada tuvo que hacerse cargo de las reparaciones. Durante toda la jornada festiva, más de un millar de personas pasaron por las instalaciones y sufrieron los efectos de los vándalos. Los baños quedaron precintados y, hasta última hora del sábado, no se reabrieron de nuevo.
Los excursionistas no ocultaban su indignación. «Es una vergüenza. Han dejado a más de 600 personas abandonadas. ¿Dónde estaban los vigilantes por la noche?», Se preguntaba Miguel Sansó, otro afectado. «No hay derecho. Este año ha sido un desastre. Perros por todo cuando la normativa dice que en las zonas de acampada no puede haber animales. Actos vandálicos y jóvenes incontrolados atemorizando a los niños», concluyó. Por su parte, fuentes de la conselleria afirmaron que el recinto estaba vigilado por seguridad privada y que han hecho constar en sus actas algunos incidentes. Además, apuntan que intentaron solucionar los atascos con la mayor rapidez posible.