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Antonio Martínez y su esposa María Isabel Burdiel llevan desde el jueves por la mañana sentados frente a la puerta del centro de Natzaret, en la calle Joan Miró de Palma. Han pasado allí las últimas noches y han iniciado una huelga de hambre con un único propósito: conseguir que les devuelvan a sus dos hijos, que están ingresados en este centro. Hace varios meses una vecina de Sencelles presentó una denuncias en los servicios sociales diciendo que había cuatro niños que vivían en una finca de Biniali en condiciones precarias. Esta denuncia motivó la intervención de estos servicios, que se hicieron cargo de los cuatro hermanos y los ingresaron en el centro de Natzaret. «Me acusaron de ser un borracho y de golpear a mis hijos, pero yo nunca les he puesto una mano encima», asegura Antonio Martínez.

El pasado jueves los padres acudieron al centro de visita. «Los niños al vernos se nos tiraron encima y nos dijeron que no querían estar más en el centro, querían volver a casa», asegura la madre. Los padres se llevaron a sus hijos (la mayor tiene 10 años y la menor cuatro) a un centro médico, donde les examinaron. «Mis hijos me decían que allí les maltrataban y yo quise que un médico lo comprobara». La que más le preocupaba era la hija menor «que hace días que está muy triste y no quiere comer». Los tres hijos mayores volvieron esa noche a Natzaret, pero a la más pequeña se la llevaron a Biniali. Esa noche acudió la Guardia Civil a la finca y obligaron a los padres a entregar a la niña. Al día siguiente, Antonio Martínez, asistido por el abogado Juan José Cano de Alarcón, prestó declaración en el cuartel de Inca.

A partir de ese momento decidieron presentarse en el centro de Natzaret y exigir la entrega de los niños. «Cada vez que salen a la calle los niños nos dicen que están muy mal y que quieren volver con nosotros. ¿Qué haría cualquier padre en nuestro lugar?», afirma Antonio, que dice que las dos últimas noches ha hecho mucho frío «pero no nos vamos a mover de aquí hasta que nos dejen sacar a los niños o alguien nos detenga». De momento, les preocupa que sus hijos puedan escaparse. «El mayor sale cuando quiere del centro y se va con otros niños. En mi casa nunca se fugó. Aquí sólo le enseñarán a ser un delincuente». La madre, por su parte, asegura que «nos quitaron a los niños sin motivo y sin razón».