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El ocho de mayo pasado, el Partido Popular convocó una rueda de prensa para presentar a Rosa Estarás como candidata al Parlamento Europeo. Marga Prohens olvidó hablar de la candidata, tal vez porque nos suena, y se centró en que Baleares ha llegado al límite en el número máximo de turistas. Lo dijo muy convencida. Se trataba de una sorpresa porque hasta ese momento el Partido Popular defendía que el turismo debía de seguir creciendo.

No hace ni dos años Núria Riera, del Partido Popular, se oponía en estos términos en el Parlament a la ley turística socialista que tenía que frenar el crecimiento: «Es una ley antiturística, impositiva, autoritaria, que dice no a la recuperación (…) y sí a la pobreza y el decrecimiento». La sociedad «no quiere decrecimiento de plazas porque supone perder puestos de trabajo (…), se lo dicen las familias y los pequeños empresarios que ven bloqueados sus proyectos; se (…) lo dicen los inversores que ya no vendrán porque no hay expectativas de riqueza (…); lo dicen los trabajadores y trabajadoras que dejarán de ser contratados porque ya no harán falta. Todos estos se ven empobrecidos con su modelo (…) que nosotros no apoyaremos jamás». Jamás.

Es obvio que llevamos ya muchos años en los que, primero sólo en agosto, después durante los tres meses de verano, y ahora casi toda la temporada, el agobio y la saturación son palpables. Pero el PP y Riera por entonces estaban preocupados por los inversores. Encima, como vemos, la ley socialista era una farsa que no sirvió para nada.

Los socialistas estuvieron en el gobierno desarrollando durante ocho años su «nuevo modelo turístico». Primero le habían dedicado una dirección general y después la propia Conselleria de Turismo se denominó «de cambio de modelo». Nunca supe si Negueruela y Armengol creen que han cambiado algo porque para la mayor parte de la gente estamos igual que hace ocho años, pero con aún más turistas.

La gran aportación socialista al turismo en realidad fue otra, que defendían con celo. Escuchen a Armengol, en el Parlament en 2022, cuando quedaba un año para las elecciones. Intuyendo que el Partido Popular podía llevarse los votos de los propietarios de viviendas turísticas, en respuesta a una pregunta, contestaba: «hay que decir las cosas como son (…): estas plazas (…), noventa mil, fueron reguladas en el año 2017, existen, y si el propietario quiere vender la casa, las plazas siguen vivas y pasan a los hijos si las quieren heredar; por tanto no digan que desaparecen noventa mil plazas, que no es cierto. De hecho, quienes las regulamos fuimos nosotros a través de la Ley de Alquiler Vacacional de 2017». Con total convicción, Armengol defiende que aprobó noventa mil plazas más, noventa mil turistas más. ¿El nuevo modelo consistía en aumentar el número de turistas en una cuarta parte?

Los chicos de Més, que tenían la clave de la gobernabilidad, callaron como muertos porque la gran mayoría tiene casas en los pueblos que ahora son hotelitos y eso siempre es muy atractivo: ¿quien en Mallorca no tiene un familiar directo con una o varias casas que dan varios miles de euros por mes? Yo incluso preguntaría quién, entre los manifestantes del próximo 25 de mayo, no son pequeños empresarios del alojamiento vacacional.

Estos políticos –no olvidemos que con la aquiescencia general– montaron este incendio. Nos vinieron diciendo durante años que cada turista era un atentado mortal a nuestro futuro hasta que un día, cuando cada plaza nueva eran votos, se olvidaron del medio ambiente y lo aprobaron todo. Ahora estos mismos pirómanos, que llevan años echando leña a la hoguera, quieren apagar el incendio. Y los mismos activistas ecologistas que durante ocho años callaron porque entre compañeros de causa no se podían hacer daño, ahora sí sienten agobio, porque contra el Partido Popular pueden ir sin reparos.
El Partido Popular, que tiene ideas tan claras como cambiantes, se ha sumado a la protesta. Igual hasta llevan una pancarta. En tres días el Consell eliminó dieciocho mil plazas que existían en el papel. Y eso sin que intervenga el conseller de Turismo, extraviado. Ahora el Partido Popular tal vez prohíba el turismo de esquí en Mallorca, no dejará que aterricen más aviones de Australia y hasta puede que prohíba los megacruceros en el Riuet de Porto Cristo. Contundentes sí que son.

El exceso de turismo es un problema serio que exige políticas responsables. Incluso pactadas. Pero, en su lugar, nos ofrecen circo, tonterías, demagogia, palabras vacías. Una muestra de hasta dónde ha caído nuestra política. Una muestra de la desgracia que nos hunde lentamente.