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Pasó casi desapercibido. La reina Letizia participaba en la clausura del XVI Seminario Internacional sobre Lengua y Periodismo (uno de esos actos a los que asiste por motivos institucionales y por haber sido periodista), y en concreto en una ponencia sobre comunicación del cambio climático. Para sorpresa general, la reina consorte se lanzó a comentar cuestiones como el tratamiento que da la prensa a los científicos y activistas que arrojan colorantes contra edificios públicos, el que se le da a Greta Thunberg, el consumismo y el desastre de la ropa low-cost o, tachán, la necesidad de reducir el consumo, sobre todo de energía. Citó la biodiversidad, la bioeconomía y al experto en energía Antonio Turiel, y cuestionó el rendimiento de las renovables. Ahí es nada. Cuestionar el crecimiento económico es la gran herejía de nuestros tiempos, es cuestionar la base de nuestro sistema, de nuestra existencia, del ethos vital de nuestra civilización capitalista, es el anatema por excelencia. Por ello, no menos significativo resultó que el ministro que la acompañaba, el de Transformación Digital, y a la sazón autoproclamado «el único economista aquí», entrara casi en pánico a la hora de rechazar con vehemencia esas tesis decrecentistas.

No es que la reina se haya vuelto revolucionaria, ni que la institución que representa sea un ejemplo de sostenibilidad, pero la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero, y hay una realidad que se tendrá que abrir paso forzosamente entre nosotros: que ya hemos sobrepasado los límites y la capacidad de carga del planeta. Soy poco sospechoso de simpatizar con la institución monárquica, pero en esta cuestión la reina parece estar informada. El decrecimiento no es una opción, no es algo que podamos abrazar o rechazar. Simplemente ocurrirá, está ahí, es inevitable. No se puede crecer de forma infinita en un problema finito; eso lo entiende un niño de cinco años, pero parecen ser incapaces de entenderlo señores de cincuenta, sobre todo si son economistas, y menos aun si son ministros. El decrecimiento nos avasallará, y toca ir pensando cómo vamos a gestionarlo. Que se filtre en los ambientes más insólitos no deja de ser una buena noticia.