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Si entendemos como imaginario el conjunto de ideas, mitos y símbolos que comparte un grupo social, veremos claramente que España ahora mismo no comparte este patrón social. Somos un país con diferentes y en ocasiones antagónicos conceptos de nacionalismo. En Catalunya y Euskadi no asumen el      nacionalismo español dominante en las Castillas y especialmente Madrid. Ellos tienen el suyo interiorizado y que forma parte de su inconsciente colectivo. Son incompatibles. La Transición permitió un esfuerzo de acercamiento, creando un marco común que ha funcionado décadas. La evolución nos ha llevado de nuevo a un país ingobernable. Madrid, su coro mediático y de poder, debe asumir esta nueva realidad. El Madrid de las Españas de los Reyes Católicos es ancestral, aunque VOX y un sector minoritario, pero influyente del PP, no lo vea.

Las últimas elecciones han ilustrado este hecho. España cabalgaba hacia una victoria del PP que le permitía gobernar con los centristas CC y PNV. Los graves errores estratégicos del PP en la última semana pusieron en bandeja la posibilidad del PSOE de continuar o la repetición electoral. Vox no tiene cabida en el marco de una negociación para formar Gobierno. Estamos en una Monarquía parlamentaria. El Gobierno lo eligen los diputados y, por tanto, con la ley electoral actual el PP nunca gobernará con Vox. Los españoles, y sobre todo las mujeres y perfiles centristas, no pueden asumir retrocesos arcaicos. VOX es respetable y constitucional, pero su discurso genera rechazo en todo lo que no son sus militantes y votantes. Las elecciones se ganan o pierden con el voto de un veinte por cien de la población. El ochenta restante es inamovible, porque es ideológico o clientelar. Este porcentaje de indecisos o ilustrados con criterio tiene un componente racional y, en ocasiones, yo diría que cada vez más emocional. El miedo es una arma infalible. Zapatero primero y el PSOE después lo vieron y en una semana cambiaron el signo e invirtieron la tendencia. El desenlace es conocido. El comunicado de VOX ofrece un nuevo escenario. Quien dirija este país no debe olvidar la nueva realidad. Amplitud de miras y política en letras mayúsculas. Diálogo y negociación.