Ya sé que mi opinión aquí no cuenta, pero yo voto por que los calzoncillos tengan que seguir siendo como hasta ahora. No sé qué problema hay aquí con el color blanco de toda la vida. Se trata de tenis, no de la vida real. En la vida real, todos tenemos bastante asumido que si vamos a salir, es preferible llevar ropa interior de color porque nunca se sabe cómo puede acabar la noche, pero esto es solo tenis, ya digo. Y cuando al húngaro Zsombor Piros, en el campeonato de dobles júnior de hace cinco años, el juez árbitro le adivirtió justo antes de empezar el partido de que o se cambiaba los calzoncillos que llevaba por otros que no fueran visibles a través del tejido del pantalón o se iba de Wimbledon sin haber llegado a ponerse una sola vez al resto, lo único que hicieron fue interpretar fielmente el sentir general. Hay cosas que los demás no tenemos por qué ver.

Lo de las braguitas de las jugadoras, en cambio, ya es otro tema. Si los que mandan en Wimbledon han decidido que a partir del año que viene las mujeres podrán llevar la ropa interior del color que sea más de su gusto para evitarles situaciones un tanto engorrosas –aquí también hay cosas que los demás no tenemos por qué ver–, yo no tengo nada que objetar y ni mención pienso hacer. No negaré que el asunto no tenga su buen artículo –si así como están hoy las cosas queda todavía algún valiente que se atreva a escribirlo–, pero prefiero ocuparme de lo que sé. Conque mejor blancos. Al fin y al cabo, solo es tenis.