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Así empieza la última carta apostólica del papa Francisco. Admiro y aprecio una vez más su estilo directo, sencillo y profundo. «Ardientemente he deseado comer la Pascua con vosotros antes de padecer». Jesús en la última Cena abre su corazón, durante aquella noche en la que caben tantos elementos: pensamientos, sentimientos, dudas, traición, consternación de los apóstoles… y en aquella penumbra y zozobra se oye una voz cálida y emocionada: «Cuando me queráis recordar haréis esto». Nos dice el Papa: cada vez que vamos a Misa, el motivo principal es porque nos atrae el deseo que Él tiene de nosotros. El Papa nos insta a contemplar la belleza y la verdad de la Liturgia porque es el lugar del encuentro con Cristo. Estamos obligados a una comprensión teológica de la misma, anclados en un concepto comunitario. «La Liturgia –sigue el Papa– no dice «yo» sino «nosotros», y cualquier incitación a limitar la amplitud de este «nosotros» es errónea. Porque el encuentro con Dios no es fruto de una individual búsqueda (al estilo pelagiano), sino que es un acontecimiento regalado que nos invita al asombro y a la admiración…