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En el imperialismo del XIX empezaron las fuerzas vivas a exigir tumbar toda institución política que impidiera robar tierras en África o Asia. Las repúblicas liberales molestaban por sus leyes que defendían al pobre ante el ladrón. Robar y apropiarse bienes de modo infinito es la clave de la política moderna. Es la filosofía de la clase alta que, buscando apoyo del pueblo desarraigado, funde sociedad y masas dando lugar al fascismo. Una clave de la misión del Caudillo la confesó el propio genocida: «He salvado a la sociedad». La sociedad no soporta límites a sus deseos de robar más y más, de destruir toda ley en favor de apropiaciones y expropiaciones con el terror de que «sobra alguien» normalmente los decentes y honestos. No acepta derechos de víctimas de explotación si en medio hay beneficios que untan a políticos del Régimen, magnates y a pandillas de funcionarios. La sociedad es el disfraz de los que se colocan en el centro del Estado con el objetivo de apropiarse de lo ajeno.

Rubí (Barcelona), inicios de los 60. Los que no han entrado en mafias monopolio de España viven sin mutua ni por tanto más médico que el típico sádico que los controla y humilla si enferman. Los trabajadores reales viven en la cercanía de zonas peligrosas de inundaciones. A la sociedad de Franco, para quien solo existe el pueblo si hay algo que depredarle, no le importa un comino si suceden catástrofes. Ellos viven en lugares seguros. Como un futuro alcalde que se disfrazará de izquierdista tras la muerte del salvador. Una tempestad mata a centenares de personas porque a nadie le importaba si sucedía. ¿Reacción del salvador y su España SA? Como narcisistas malignos se presentan en Rubí con el Caudillo, banderita y magnánimos ofreciendo vivienda protegida a algunos supervivientes para que no pidan justicia.

En un país con Estado no fascista, el responsable de las muertes es el gobernante y es juzgado. En España provocan negligencias mortales y aún se sienten más benefactores siempre que los de abajo asuman que sobra gente. En una publicación local leí que el Club de Roma es la voz de la sociedad y que hay que aceptar que no cabemos todos en el planeta. Y que si somos menos, habrá más energía y comida. El fascismo junta arriba y abajo aunque los de abajo pagan cara su traición a su clase pues es obvio que no serán los eminentes miembros de la sociedad quienes sobren al final.