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El segundero de la cuenta atrás ya se ha accionado, quedan tres días para que finalice un año más de nuestras vidas, un año, nuevamente difícil, en el cual se han registrado valiosas pérdidas, ausencias irremplazables y donde la palabra adaptación se ha convertido en el orden del día. Siempre que se aproxima el fin de año me embarga una sensación de nostalgia, como si me hallase junto al mar, en el crepúsculo y en medio del silencio contemplara un quieto y majestuoso horizonte. Las vivencias de ese año parecen ir desvaneciéndose tras el mismo para ya no regresar jamás. Estos años han detenido al mundo entero y han reajustado nuestro modus vivendi volviéndonos más instrospectivos porque nos hemos acostumbrado al aislamiento y nos hemos vuelto más egoístas. Todo se torna cada vez más virtual y los encuentros entre amigos, los abrazos y charlas donde terminábamos llorando o riendo, se han transformado en escuetos mensajes o en frías llamadas. Los que siempre han estado estarán, otros partirán y algunos, ni siquiera estuvieron. Una parte de nuestras vidas ha quedado congelada en el tiempo como si de una película se tratase. Solo podrá ser visualizada en el recuerdo.

Observando el lento amanecer me abracé con fuerza, una gélida brisa peinaba todo a su paso. De pronto, a lo lejos apareció una barquita que con su enorme foco rompió la oscuridad reinante, entonces pensé, sí, muchas veces nos hallamos inmersos en la tristeza y todo parece carecer de alegría pero siempre surge una luz dispuesta a guiarnos y a iluminar el camino. Todo es llegada y a su vez partida. Hay cosas que son para siempre antes de que uno lo sepa. Solo funciona lo que se hace con buenas intenciones. Cada uno tiene un ticket pero muy pocos lo colorean. Lo tienes y te conformas, una vida en serie. Es tan importante saber que con él puedes volver y la vuelta es siempre mejor que la ida, la excelencia se consigue a base de repetir, la primera vez es magnífica, la siguiente extraordinaria. Nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto, y a veces más, de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos.

Somos consecuencias de lo que nos sucede, pero a veces, tristemente, somos consecuencia del resto. Les deseo de corazón un felicísimo año nuevo, dejen que sea el tiempo su guía porque solo en él subsisten o se desvanecen los sueños. Que jamás les falte la ilusión, el corazón que mueve el mundo y recuerden que las cosas auténticas no mueren jamás.