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Los seres humanos al ser nominalistas y tener la capacidad de darle un nombre a todo cuanto nos rodea, le damos un orden al mundo. Así nos clasificamos a nosotros, a los demás, a los objetos que nos rodean y a los pensamientos –a la realidad–. Gracias a ello nos podemos entender con el lenguaje y nuestra racionalidad no cae en un caos. El problema es que esa etiquetación que hacemos, cada nombre que ponemos, está marcado, queramos o no, por nuestra subjetividad. Uno puede pensar en un partido político o en otra persona y creer que lo hace todo mal… o que lo hace todo bien. Y nos permitimos pensar de esa manera a pesar de que sospechemos –no hacerlo sería de enfermos– que nuestra forma de pensar podría estar equivocada. Algunos de mis lectores podrían pensar que yo caigo en ese error al criticar tanto a Podemos, pero lo que sucede es que no soporto que alguien, para sacar votos, se deje caer en la mentira y se ponga una etiqueta que no le pertenece. Podemos es comunismo y Vox es extrema derecha. Los de izquierdas se quieren creer que Podemos no es ni comunista ni extremista, y los de derechas predican que Vox no es un partido fascista… Los justifican. Ahí está el peligroso subjetivismo que nos lleva a distorsionar la realidad y nos convierte en extremistas. Al fin, justificamos lo injustificable aunque para hacerlo nos hayamos quedado sin libertad de pensamiento o sin verdad. Y después de esa renuncia, votamos como si la democracia se limitase al hecho de votar. Luego, felices, nos llamamos demócratas. Pero si la democracia quisiera ser verdadera, necesitaría que los ciudadanos fuésemos libres y no nos dejásemos atar por ninguna ideología. Ya sé que en mis artículos critico mucho a Sánchez, y lo hago porque es el presidente de nuestro país y porque creo que no está a la altura de su cargo –no sabe lo que son la humildad, la empatía ni la verdad–. Antes de eso critiqué mucho a J.R. Bauzá y a Aznar y todos sabemos que Casado no está a la altura de nadie. Tampoco sé por dónde anda el PSM, y el PI anda intentando sacar la cabeza del lodo de egocentrismos en el que, a falta de amor al partido, se ha metido. Tendríamos que tener todos más atado nuestro subjetivismo… o nos podemos quedar sin libertad.