¿Se acuerdan de la recuperación en V? Lo de que el crack pandémico era cuestión de escasos meses y que luego saldríamos reforzados y con la economía disparada. Que aquello era un momentáneo paso por un estrecho valle que pronto dejaríamos atrás escalando de nuevo hasta los cielos. Casi año y medio de aquella campaña de propaganda. Ya nadie habla de la famosa V. Se volatilizó.

Y ya que estamos con las uves, tampoco la de la vacunación está para echar cohetes. Y no porque falten dosis. Es que nos sobran. Lo que ahora nos falta es gente a la que pinchar. Para llegar a la inmunidad de grupo que -¿se acuerdan?- nos publicitaron veces y más veces que alcanzaríamos cuando tuviéramos el 70% de inoculados. Tampoco ya nadie -son los mismos de la V – se acuerda de esto. Ha desaparecido de la propaganda gubernamental. De aquí y de allá.

Y mientras, vamos enfilando hacia el fin del verano. Con hoteles ofreciendo rebajas de un tercio del precio para residentes. A ver si así llegan a la mitad de ocupación y salvan la temporada. Hercúlea misión al alcance de muy pocos establecimientos. Eso, los de grandes corporaciones. Que los de las pequeñas empresas están en otra uve: la de venta. Que sin futuro que pelar lo único que cabe es vender al postor menos malo. Fondos de inversión extranjeros, en su mayor parte. Si alguna vez existió lo de la soberanía hotelera -a saber para qué alguien querría algo así- se está evaporando a marchas forzadas. Como ha pasado con lo del verano de la recuperación que tanto nos vendieron. Se ha desvanecido. Tampoco por aquí hay uve que valga. Peor: hoteles de supuesto lujo de cinco estrellas ofreciéndose como saldo a clientes de baja estofa a los que dan servicio de tres, como mucho. A esto se le llama tirarse piedras sobre el propio tejado. Por supuesto la autoridad gubernativa -el Govern, para el caso- hace como si no lo viera.

Entre una cosa, la otra y la de más allá vamos haciéndonos a una idea que hasta hace pocas semanas nadie se planteaba. Que esto del virus no vaya a acabar no por ahora sino ni siquiera a medio plazo. Y a largo ya veremos. Que entre la variante delta y las que lleguen -que desde epsilon hacia adelante el alfabeto griego tiene letras para muchas bautizar- vayan dejando capitidisminuidas las vacunas que se han inoculado. De manera que -ya lo ha dicho, con la boca pequeña, algún que otro responsable de segundo nivel del Ministerio de Sanidad- sean necesarias terceras y más dosis - “por muchos años”- para poder seguir yendo, pero sin alcanzar la inmunidad grupal. Que cada día que pasa se complica más. Por un lado, porque no se puede todavía vacunar a los menores de 12 y, por otro, porque por hache o por be sigue habiendo demasiada gente que no se vacuna, con el resultado que los puntos de inoculación están huérfanos de objetivos a pinchar. A todo esto, con la ya evidencia científica de que el 70% no bastará para conseguir la anhelada situación. Hoy ya no se sabe si será necesario el 80%, o el 90%... Y no pinta que vayamos a llegar a tanto.

Así las cosas, va abriéndose paso una posibilidad económica tenebrosa, hasta hace poco difusa pero cada vez más perfilada: que lo de este verano con una temporada alta turística sí-pero-no pueda ser el preámbulo de una nueva fase marcada por eso mismo. Por la característica estructural de un menor número de turistas, mucho más cercano a lo de este año que a lo de 2019. Porque con el virus variando de lo lindo, mucha gente se muestra prudente y no viaja tanto. A pesar de que tengamos abiertas las fronteras británica y alemana para nuestros salvadores. Que no vienen tantos como esperábamos. Y que el verano de 2022 sea por el estilo. Y el de 2023...

Que igual, en fin, no es que vayamos dejando atrás a muchos, como sabíamos que pasaría, dijera lo que dijera la propaganda política, es que a ver si lo que pasa es que nos estamos quedando rezagados casi todos.