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La semana pasada, en pleno griterío mediático por el vidrioso asunto de los indultos a los presos catalanes sediciosos, de los que reniega medio PSOE y hasta los independentistas de la ANC por si pierden su mejor arma de agitación, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez se puso bíblico, y en verdad en verdad nos dijo que «Hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia». No se había oído nada igual desde el Eclesiastés, donde hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, uno para llorar y otro para reír.

Hay un tiempo para cada cosa, así que también hay uno para la guerra y otro para la paz. Y al parecer, otro más para que un presiente del Gobierno se ponga bíblico y anuncie tiempo de concordia. No tenemos nada contra la concordia, faltaría más, pero como Pedro Sánchez no se ha leído la Biblia entera, ni mucho menos, necesitará una hoja de ruta o breve manual para la concordia, cuyas preceptos básicos paso a facilitarle.

Lo primero que exige la concordia en el caso catalán es mantener una distancia prudencial (500 kilómetros por lo menos), y lo segundo y fundamental, no dialogar ni tonterías por el estilo. Lo hemos dicho mil veces, y sin necesidad de recurrir a fuentes bíblicas, que las hay de sobra. Eso del diálogo es lo que lo jode todo. Si hace falta dialogar, es que no vale la pena dialogar, porque acabaremos mal. En cambio, si no se dialoga no se discute; si no se discute, no se llega a las manos. El no diálogo es un remedio mágico contra los conflictos, como sabe cualquiera sin salir de su casa. Si no hay diálogo ni contacto, nadie tiene que amenazar ni maquinar ardides para embaucar al otro, y las tensiones disminuyen.

Conozco de oídas, por la prensa, montones de tipos con los que es imposible congeniar, pero como no dialogamos ni buscamos acuerdo alguno, ni me atacan ni me obligan a vengarme. La concordia nunca es la que se quiere, sino la que se puede. Hay un tiempo para la fantasía, y un tiempo para los hechos. Indultos bueno, pero nada de mesas de diálogo ni chorradas por el estilo. Referéndum legal y punto. ¿Y ya está? No, porque los indepes perderían. Pero allá por las fechas del Plan España 2050, y tras media docena de referéndums (lo volverían a hacer), de un modo u otro se acabaría esta tabarra. Tiempo de concordia, en fin.