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En estos días, una espiral de violencia sacude Colombia. Inmerso en una huelga general ese país protesta por un proyecto de ley que se propone subir impuestos a una población que se debate entre el tráfico de drogas, las consecuencias de una guerra civil? y una naturaleza en realidad próspera, una naturaleza, en realidad generosa, que así la creó Dios. Un chiste conocido en toda la región y recitado aquí, en Ecuador, el Salvador, etc. asegura que San Pedro se asombraba ante el Creador diciendo «Señor todas tus maravillas las has puesto en esta tierra, selvas vírgenes, ríos caudalosos, aves de variados plumajes, armonioso trinos?» y que Dios le contestó «espera, ahora verás a los hombres?». Es una afirmación, a primera vista amarga, pero en realidad oculta una gran verdad: el mal no lo hace Dios que, una y otra vez, nos ve caídos y nos vuelve a levantar. Eso que duele lo hacemos los hombres, el dolor no es un castigo divino, lo origina nuestra conducta y, por tanto, podemos decidir dar alegría en lugar de sufrimiento, pan en lugar de piedras, amor en lugar de odio. Cierto, es un escándalo no poder alimentar a los niños cuando basta alargar la mano para cosechar mangos. Como al arrojar al agua una piedra se forman redondas, incontables circunferencias, proyectadas hacia una dimensión sin fines conocidos así los pueblos de habla hispana podemos unir las manos para dejar de ser pasto de corrupción y así dar a San Pedro motivos para sentir lo que ya siente: «Señor, Tú lo haces todo bien. Acuérdate de Colombia».