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El brutal enfrentamiento político entre el gobierno nacional y el regional de Madrid nos alumbra la esencia verdadera de la nueva política. Tanto Pedro Sánchez como Isabel Díaz Ayuso la personalizan en este caso, aunque, por supuesto, no son sus únicos representantes. De hecho la norma de actuación entre las más recientes hornadas de dirigentes de partidos es exactamente la misma. Pronto no habrá ninguno que siga otra forma de conducta.

Sánchez, junto a su aliado Pablo Iglesias, tiene fijado su objetivo sobre el gobierno de Madrid. Para ellos es una ofensa que la región y la capital no estén gobernadas por la izquierda. De la misma manera, Ayuso y Pablo Casado consideran a su poder mesetario como una especie de ariete contra la izquierda gubernamental. Esta consideración de lo madrileño como esencia de lo español ha renacido de entre la caspa pretérita. Vuelve a ser lo habitual. La mayor parte de clase política española tiene estos renovados tics mesetarios centralistas que entroncan de forma directa con la más rancia tradición. Para ella Madrid y su comunidad forman el territorio político más importante del país. Cuarenta años de autonomías no ha cambiado esta psico patología centralista. Que es jaleada por todos los medios de comunicación mesetarios de derechas. Se pudo ver durante la eclosión de la pandemia, en marzo. A la sazón debió cerrarse la capital y su región para contener el virus. No se hizo porque la clase política madrileña no puede concebir que el “corazón” de España sea confinado y el resto no. Ningún medio ni partido político nacional se atrevió siquiera a sugerirlo, ni de izquierdas ni de derechas. 

Con la segunda oleada de la pandemia en agosto y, sobre todo, a partir de septiembre, de nuevo la comunidad madrileña quedó afectada por una intensa nueva fase de contagios y muertes. A partir de ahí los medios derechistas empezaron a advertir del “ataque” que recibía Madrid de medios y políticos periféricos. Se ofendían. A la vez, empezó la guerra política de datos falsos o, más, forzados por interés de parte: desde el gobierno nacional se señalaba la gestión de la inútil Díaz Ayuso y el de ésta apuntaba al otro incompetente.  

El espectáculo no ha hecho más que intensificarse durante las siguientes semanas. Medias verdades y mentiras han usado ambas partes intentando justificar sus propias opiniones y/o medidas al mismo tiempo que las usaban contra la otra. Eso sí, las dos invocaban los sempiternos “expertos”, cada uno los suyos, que a su juicio les daban la razón. Estos expertos en ciencia que sirven a los políticos son igual que los abogados respecto a sus clientes. Los informes de unos y otros nunca contradicen la voluntad de quienes se los encargan. 

A lo largo de este tiempo Sánchez y Ayuso han ido desdibujando sus respectivos perfiles políticos para ya confundirse en una sola monstruosidad compartida. Ya son lo mismo. Sin atisbo de vergüenza ni de decencia. Hasta ahora habíamos podido conocer a políticos cínicos, incluso a alguno que lo eran mucho, pero nunca habíamos podido observar nada igual a esto. Sánchez y Ayuso no viven más que para sí, no atienden más que a sí mismos y todo lo demás les importa un bledo, aunque se trate, como se trata, de la salud pública. Su indignidad es de tal calibre que mienten sobre montañas de contaminados por el virus y montones de muertos. Para este monstruo bicéfalo esto carece de importancia. Su objetivo es la aniquilación política de su media parte contraria y no atiende a nada más. La gestión ha sido sustituida por la propaganda. Las ideas por las consignas. La ciencia por la militancia. El bien común por el particular. 

Todavía, es verdad, existen ejemplos de la vieja política. Como vemos en Baleares, donde el presidente derechista del Consejo Insular de Ibiza, Vicent Marí, ha tenido y tiene una actitud ejemplar en esta pandemia, colaborando en todo momento con el gobierno izquierdista de Francina Armengol, a la vez que éste ha demostrado que su gestión -en cuanto al virus- carece de sesgo ideológico. Dicho de otra manera: Marí, del PP, y Armengol, del PSOE, ponen por delante de sus intereses de partido el interés general, el bien común, la colaboración mutua en beneficio de los ciudadanos. 

No nos engañemos. Lo de Armengol&Marí es una actitud propia de la vieja política que va periclitando por todo. El futuro nos lo alumbra el monstruo Sánchez&Ayuso. Es lo que viene. Es lo que hay.