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La cumbre bilateral entre los gobiernos de Valencia y Baleares que tiene lugar estos días, organizada en esta ocasión por la Generalitat valenciana como continuación a la anterior que tuvo lugar en Palma el pasado año, supone una magnífica ocasión para fortalecer alianzas sobre muchos intereses comunes. Los presidentes Ximo Puig y Francina Armengol comparten mucho más que la clara afinidad política, también les une la necesidad de hacerse con una voz propia frente a un Estado que mantiene casi intacta una visión centralista en la gestión del país. Encuentros como este son el tránsito necesario para lograr una voz propia en los centros de decisión estatal.

La periferia existe.

La Generalitat debe ser un socio estratégico del Govern a la hora de incrementar el peso específico de Balears en sus legítimas reclamaciones ante la Administración central. Es mucho lo que se comparte con esa comunidad, desde el mismo idioma propio hasta una pujanza económica que las distancia de otros territorios de España. En este contexto, la cumbre debe tener una trascendencia política mayúscula; con independencia de los acuerdos que siempre quedan reducidos a la expresión de voluntades. Lo importante es lograr un bloque sólido entre Valencia y Balears, el único modo de hacerse con una voz propia en Madrid.

El perfil propio de Puig y Armengol.

Hay un factor más a tener en cuenta. Se trata de las personalidades políticas coincidentes entre Ximo Puig y Francina Armengol, toda vez que ambos siempre han mantenido un perfil muy definido frente al Gobierno central; huyendo de la confrontación y la disonancia política pero con un marcado carácter reivindicativo. De la reunión en Valencia poco se puede esperar a corto plazo, pero supone subir un peldaño más en el objetivo de conseguir aliados en beneficio de los intereses de Baleares.