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Los momentos vividos ayer en el aeropuerto de Son Sant Joan con el reencuentro de dos hermanas ucranianas y sus hijos con su matrimonio mallorquín de acogida son una prueba más de que Balears está dispuesta a seguir siendo tierra de acogida, en este caso con quienes buscan refugio huyendo del estallido de las bombas. El episodio de ayer fue posible gracias a la labor de la ONG Per Ells, fundada en 2005 en sa Pobla y dedicada organizar estancias temporales en Mallorca para niños huérfanos, de familias humildes o desestructuradas de Bielorussia y Ucrania afectadas por el accidente nuclear de Chernóbil de 1986. No es la única. Organizaciones similares en las Islas ya se están organizando para acoger a más familias que escapan del horror de la guerra.

Emergencia humanitaria

El drama en el cual se encuentran inmersos los ucranianos obliga a redoblar los esfuerzos para atender la que se adivina como un alud de refugiados en los países limítrofes con el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Es una situación similar a la vivida con los refugiados de Siria, Afganistán o Libia, además de quienes buscan en Europa un futuro con dignidad lanzándose al mar. Occidente no puede defraudar en la atención y la acogida a los más desfavorecidos y en este contexto no faltan quienes –desinteresadamente– les abren sus brazos. También aquí, en Balears.

El apoyo institucional

Con una celeridad y unidad de criterio encomiable, los países de la UE han decidido abrir sus fronteras y facilitar la llegada y atención de todos los refugiados procedentes de Ucrania. Es una generosidad institucional que no debería ser excepcional. Queda, no obstante, mucho por hacer. No debe faltar una mano en la escolarización de los pequeños o la integración de sus padres; tampoco fondos para seguir financiando la llegada de más familias. Esta es la solidaridad que tampoco puede faltar.