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El que siete de cada diez sanciones por usar el teléfono móvil mientras se conduce un vehículo sea por utilizar la aplicación Whatsapp es una prueba de las reiteradas temeridades que se realizan al volante. Es una actitud que se pretende corregir con el incremento de la retirada de los puntos –de tres a seis, la mitad de los disponibles para evitar la retirada del permiso de conducir– y una multa de 200 euros. La mensajería instantánea se ha convertido en un medio de comunicación muy extendido, pero que es incompatible con la seguridad vial; un principio de responsabilidad que no se asume.

La comunicación permanente.

Los teléfonos inteligentes han generado la necesidad de la comunicación permanente, un servicio cómodo pero que requiere espacios de discriminación. Y uno de ellos es, sin duda, el vehículo. Muchos estudios confirman que atender una llamada del móvil desvía la atención del conductor, extremo que se convierte en un peligro extremo cuando se trata de realizar una llamada o escribir un mensaje. Sin embargo, a la vista de la estadística, da la impresión de que los conductores no son conscientes de los riesgos que asumen con este comportamiento para ellos, para los pasajeros que les acompañan y para el resto de usuarios de la vía.

Campaña educativa.

La irrupción de los dispositivos inteligentes, cuyos avances tecnológicos han sido espectaculares en pocas décadas, requiere potenciar la labor didáctica para su correcta utilización; tanto en los jóvenes como en los adultos. No parece que sea suficiente agravar las sanciones para resolver el problema, aunque pueda tener un primer impacto positivo. Lo deseable es que los ciudadanos tomen conciencia de dónde y cuándo es adecuado responder una llamada telefónica o un mensaje en el móvil. Convivir con la tecnología, en especial cuando es tan invasiva del espacio privado, también requiere de aceptación de nuevas reglas.