Patricia González recolectando plantas para sus infusiones.

TW
0

La vida de Patricia González ha sufrido varios giros de los acontecimientos, pero, casi por arte de magia, han acabado todos cobrando sentido en una especie de viaje personal que ahora se refleja en sus infusiones. De padres cocineros, Patricia gozó de un paladar sibarita y educado desde muy pequeña. Estudió Arquitectura y partió nueve meses y medio a descubrir mundo. Treinta países e innumerables paisajes distintos después, recaló en una isla que ganó su corazón. De Ciutat se mudó a una finca rural de Llubí, donde, «a raíz de cuatro plantas que me trajo un día la vecina», descubrió el mundo de las infusiones. «Me empecé a hacer cada mañana, combinando distintas plantas». Tras dejar el despacho de arquitectura, dio con el momento perfecto para profesionalizar su hobbie y convertirlo en uno de sus proyectos más personales: Mima Terra. «Es un experimento continuo y diario con las aromáticas. Para mí es como cocinar, un proceso intuitivo».

Simplemente al abrir uno de los botes de infusiones que vende, invade un olor que a nadie deja indiferente. Algunos al mar, otros a la Serra de Tramuntana...Cada una de las mezclas se inspira en un lugar de la Isla. Es un producto eminentemente local y artesano. Nada tiene que ver con las infusiones elaboradas en cadenas de producción a base de máquinas. La misma Patricia se dedica a hacer hasta cuatro selecciones para lograr esa ligazón, entre sensaciones y cultura: elige qué ramas corta -a mano-, las que seca, vuelve a escoger las mejores partes para su elaboración y, al hacer la mezcla final, desmenuza ella cada hoja y cada flor seca. Todo, siguiendo un cultivo ecológico, mediante el que ha recuperado antiguas tradiciones, como el calendario de agricultura biodinámica para el trasplante y podado o el calendario lunar, que utiliza para la recolección y el secado natural de las hojas. Estos procesos, argumenta, contribuyen a mantener de forma natural una mayor conservación de aroma, sabor, color, textura y propiedades de las hierbas aromáticas, prescindir de esencias y aditivos y, así, poder disfrutar del sabor original de los ingredientes. El producto final, además de embriagar por su olor y su sabor, invita a degustarlo de forma pausada, apreciando la calidad y detalles de cada mezcla particular.

Patricia González en la finca de Vilafranca.
Imagen de una de las infusiones de Mima Terra.

Valldemossa, Sóller, Es Trenc...Patricia echa mano de su apreciación del espacio, fruto de sus años en el mundo de la arquitectura, para tratar de plasmar, mediante plantas aromáticas, rincones de la isla que le ha robado el corazón. ¿Cómo se traduce un pueblo en una infusión? González no lo tiene del todo claro. Se deja llevar por múltiples factores: «Si pienso en Valldemossa, me traslado a la influencia de los árabes, a los olivos, a las naranjas...». La infusión homónima de Mima Terra está compuesta, precisamente, por olivo, piel de naranja, cardamomo -una especie muy usada en países musulmanes-, lavanda, hierba luisa, canela y salvia. Sin embargo, ha sido su infusión «Christmas» la que le hizo ganar recientemente uno de los galardones de la IX edición de los Premios de Artesanía de Mallorca. Es una combinación de sabores e ingredientes presentes en bebidas y platos navideños de la gastronomía de Mallorca, con notas cosmopolitas típico del mediterráneo y legado del paso de las diferentes civilizaciones por la isla.